¡Justicia por Camila!

¡Justicia por Camila!

¡Basta de femicidios!

Otro femicidio nos llena de rabia y de lágrimas en los ojos. Es el decimoquinto en lo que va del año. Esta vez la víctima fue Camila, una adolescente de 14 años que había ido al almacén cerca de su casa en el barrio Barros Blancos, y del cual nunca regresó. Su cuerpo fue encontrado sin vida en un terreno cercano y el caso se encuentra en proceso de investigación.

Camila vivía con su padrastro y dos hermanos pequeños de siete y ocho años, a los cuales cuidaba como una madre. Con solo 14 años, le habían impuesto esa “maternidad de hecho”. Osvaldo Prieto, director de la UTU donde Camila asistía, reveló que sabían que ella venía de un contexto muy pobre, que se notaba en su vestimenta y porque muchas veces iba a estudiar sin comer. 

Marisa Lindner, directora de INAU, afirmó que existían denuncias por violencia doméstica contra el padrastro. También dijo que se seguía “muy de cerca” el caso a través del Sistema Integral de Protección a la Infancia y a la Adolescencia contra la Violencia (Sipiav).

Sin embargo, nada hicieron las autoridades del INAU ni el gobierno –como en tantos otros casos- para sacar de esta situación a la adolescente y sus hermanos. Porque no alcanza con enviar algunos asistentes sociales cada tanto, para luego dejar a su suerte a los chicos en su vida cotidiana de miseria, con todas las problemáticas ya expuestas. 

La coordinadora del Sipiav, María Elena Mizrahi, dijo incluso que “no estaba previsto” que Camila y sus hermanos dejaran de estar bajo el “cuidado” de su padrastro. Se condenó de esta forma a Camila y sus hermanos, a seguir expuestos a una situación de violencia, que podía terminar como finalmente terminó: con un nuevo femicidio.  

Justicia por Camila, basta de violencia machista

Desde Izquierda Socialista de los Trabajadores, exigimos justicia por Camila, apoyamos la movilización de los vecinos y la marcha de la Coordinadora de Feminismos, que se encuentran denunciando la situación y reclamando justicia.

Pero la lucha no termina ahí. Exigimos además, que se deje de pagar miles de millones de deuda externa, y que se destine ese dinero a solucionar problemáticas populares que ponen en riesgo la vida de las mujeres, sobre todo de las trabajadoras y pobres. Necesitamos, por ejemplo, construir hogares públicos amplios y confortables en todos los barrios con equipos de psicólogos, asistentes sociales, médicos, donde las mujeres y los niños podamos asistir en casos de emergencia. También necesitamos guarderías públicas para poder trabajar y/o estudiar. Necesitamos poder acceder a una vivienda digna, a salarios que permitan cubrir nuestras necesidades y no depender económicamente de más nadie que no sea de nosotras mismas.

Estos son solo algunos reclamos para poder romper con la situación de vulnerabilidad a la que estamos condenadas miles de mujeres por parte del Estado y el gobierno de turno. El dinero para ello está, pero el gobierno prioriza más a los usureros internacionales, que a la vida de las mujeres que se podrían salvar con estas y otras medidas. 

¡Justicia por Camila!

¡Organicémonos para exigir justicia y luchar por nuestros derechos!

¡Ni un femicidio más!

¡No pagar la deuda externa!

¡Presupuesto para combatir la violencia machista!

 


El femicidio es la punta del iceberg de la violencia social y machista

El Estado y el gobierno son responsables

El Estado y el gobierno no solo no da respuestas desde sus instituciones, sino que como vemos, condena a la miseria y a la violencia no garantizando la alimentación, la vivienda digna y una educación y salud pública de calidad en los barrios populares. Los recortes hechos por el gobierno además en esos rubros, no hacen más que profundizar este problema.

La violencia machista es además incentivada desde los medios, la publicidad, desde las instituciones, las empresas y desde el Estado (Cuando las mujeres cobramos menores salarios, cuando tenemos tasas mayores de desempleo, cuando no nos toman o nos despiden por estar embarazadas, cuando somos colocadas como objetos sexuales todo el tiempo, cuando nos cosifican, etc.). Por eso, el Estado y el gobierno, son responsables de esta situación.

En ese contexto, el femicidio es la punta del iceberg, el macabro final de toda una cadena de violencia, que nos afecta sobre todo a las trabajadoras y pobres.


 

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