Asesinato de la enfermera del Pereira Rossell: más policías,  no es más seguridad

Rosa estaba esperando el ómnibus para ir a su trabajo en el Pereira Rossell cuando una bala terminó con su vida.  Hacía 25 años que la mujer trabajaba en el hospital y era una referente entre las parteras más jóvenes.

Escrito por Katia

A ella, que ayudaba a traer vidas al mundo, se le arrebató la suya el 4 de agosto. Dos hombres intentaban robar en una feria y un policía comenzó con ellos un tiroteo. Una de esas balas mató a la mujer que nada tenía que ver con la situación. Este hecho disparó manifestaciones e indignación en la población en general.

La bala que la mató no aparece, pero el policía que realizó los disparos, si bien niega haber disparado en esa dirección. Las posibilidades son solo dos: el arma policial o la escopeta de los delincuentes, pero esta última quedó en el lugar. Por lo tanto, ¿cómo es que la bala no aparece?

No es la primera vez que pasa

A comienzo de año una policía efectuó un disparo durante el robo a un autoservice y terminó con la vida de un turista brasileño. Hay otros ejemplos al respecto. En 2016 miembros de la Guardia Republicana que trabajaban como patovicas en un baile asesinaron a Nicolás Cuña. Las armas policiales que llevaban eran más acordes a la guerra que a la seguridad de un local bailable. En 2013 confundieron a Sergio Lemos con un delincuente y lo asesinaron. En 2011 Santiago Masseroni murió atropellado por un policía y se alegó que el joven estaba alcoholizado, aunque la mentira se desenmascaró luego. Todos estos casos muestran que mano dura no es sinónimo de seguridad para la población.

La incursión de policías en los barrios pobres ha traído muertes y no necesariamente de criminales. Los que están seguros son los ricos en sus casas, mientras los demás tenemos miedo de salir a la calle, a veces por las propias balas policiales.

Incluso frente al discurso de la delincuencia, afirmamos que no existirá solución con la represión. Además existe una delincuencia intocable: grandes traficantes de drogas, los que llevan adelante la trata de mujeres y niños, los ladrones de cuello blanco que se enriquecen acosta de la marginalidad.

En este sistema social solo se reprime y mete presos a las personas pobres, a quienes son expulsados a la calle, a los que empujaron a vivir en la violencia y son exprimidos por altos delincuentes que nuncan aparecen ni encuentran.

Más represión no es más seguridad

Este tipo de hechos son una respuesta clara a quienes piden mano dura: la represión ya está entre nosotros y eso no nos hace estar más seguros.

Tenemos que volcar nuestra lucha hacia los grandes capitalistas que nos empujan a la pobreza. Más policías en las calles no es más seguridad para quienes vivimos en barrios de trabajadores y con carencias.
Mucho menos para las mujeres como Rosa, donde además de vivir el machismo a diario sufrimos la inseguridad en carne propia. Ella veía esto en hospital, entre las más jóvenes que dan a luz sin acompañamiento, muchas veces solas y deben enfrentarse al mundo sabiéndose en desventaja.

Ella misma vivió esas inseguridades como madre, y a esas diferencias machistas las acompañaba la diferencia de clase, como mujer trabajadora de un barrio pobre.

Somos los trabajadores quienes debemos organizarnos en nuestros barrios, sindicatos o locales de estudio.
Hay que juntarnos y debatir este sobre este tema.   

El Estado represivo no es quien puede darnos seguridad. No debemos poner nuestras esperanzas en las fuerzas policiales, en el Ministerio del Interior, ni en ninguna de las fuerzas represivas.