Eduardo Galeano y América Latina

En el Umbral del primer tomo de “Memorias del fuego” (1990), Eduardo Galeano comienza con una confesión:  “Yo fui un pésimo estudiante de Historia”.Luego explica: “ Las clases de historia eran como visitas al Museo de Cera … La pobre historia había dejado de respirar … traicionada, mentida, dormida … la habían sepultado, con ofrendas florales, bajo el bronce y el mármol de los monumentos”. Por eso nos reitera: “Yo no soy historiador. Soy un escritor que quisiera contribuir al rescate de la memoria secuestrada de toda América, pero sobre todo de América Latina, tierra despreciada y entrañable …”.

                En 1971, Galeano escribió su primer y más conocido libro: “Las venas abiertas de América Latina”. El libro tuvo un impacto contagioso entre los miles de jóvenes que, a partir de la década de los ’60, buscábamos  los caminos de la lucha por la emancipación y el socialismo. No era un libro de economía, pero explicaba la creciente explotación salvaje que se hacía del continente  americano por parte de las metrópolis imperialistas.  No tanto la explotación realizada por españoles y portugueses desde finales del siglo XV que, más o menos, ya conocíamos desde la escuela. Era un libro que nos situaba en la mismísima  realidad del siglo XX, cuando la voracidad de los pulpos imperiales, con EE.UU. a la cabeza,  multiplicaba el saqueo y el despojo de nuestras tierras y sus riquezas.

                En nuestro país,  ese libro pasaba de mano en mano. Lo  leíamos los estudiantes universitarios y los secundarios, pero también los trabajadores y los empleados. Fue un libro que reforzó los objetivos de nuestras primeras  luchas de los años ’60. Y nos puso a miles de jóvenes uruguayos, educados en general  en la admiración por los esplendores europeos, de cara a una realidad más cercana, hermanándonos con el minero del cobre y el estaño, con el campesino boliviano, con el aymara y con el cholo, con el hombre del sertao, , con los caucheros de la selva.

                En 1971, adhirió a la formación del Frente Amplio. Y cuando llegó la dictadura, tuvo que exiliarse en Buenos Aires, donde fundó y dirigió la revista “Crisis”. Desde 1976, vivió el exilio en España.  A principios de 1985, regresó al Uruguay.

                En 1990, en  “Memorias del fuego”  nos aclara:  “Yo no quise escribir una obra objetiva. Ni quise ni podría. Nada tiene de neutral este relato de la historia. Incapaz de distancia, tomo partido: lo confieso y no me arrepiento … cuanto aquí cuento, ha ocurrido; aunque yo lo cuente a mi modo y manera.” En esos tomos encontramos proverbios africanos, canciones de los incas, los consejos de los viejos sabios aztecas, cientos de anécdotas que –salvo excepciones-  no figuran en los libros de historia.

                No queremos, sin embargo, dejar de señalar que Galeano continuó en las filas del Frente Amplio, pese al Pacto del Club Naval que Seregni y la máxima dirección frentista firmaron en 1984 con los militares, manifestando que era la única salida posible. Su apoyo al Frente Amplio continuó después, cuando se alcanzó tanto el gobierno de la IMM (1990) como el gobierno nacional (2005). En los hechos, objetivamente, estaba apoyando a una fuerza política que quiso y quiere a toda costa dar vuelta la página en el tema de los derechos humanos, que buscó  la negociación del TLC con Bush, que acepta vender tierras,  ganado y minerales  a quienes nos siguen explotando tanto o más como cuando Galeano los había denunciado en 1970.

                Pese a su honestidad y compromiso con los de abajo, Galeano abandonó su inicial postura antiimperialista y revolucionaria para apoyar la política frenteamplista de conciliación con los torturadores y de entrega de nuestras riquezas a las multinacionales. Lamentablemente, Galeano no fue consecuente con lo que él mismo escribió en los ’70 y hasta declaró: «No volvería a leer Las venas abiertas de América Latina, porque si lo hiciera me caería desmayado. No estoy arrepentido de haberlo escrito, pero ya es una etapa superada».

                De este modo, formó parte  de una corriente internacional  que atrajo a muchos intelectuales de izquierda y cuyo lema es “otro mundo es posible”, pero sin liquidar al capitalismo y construir el socialismo . Esta corriente “posibilista”, que impulsó el Foro Social Mundial,  fue decisiva a la hora de apoyar a los gobiernos “progresistas” de América Latina. Ellos llevaron las luchas al callejón sin salida de la conciliación de clases y la negociación con el imperialismo. 

                Pese a esto, los jóvenes revolucionarios sabrán encontrar en la obra de Galeano entrañables páginas de un escritor que fue un compañero de ruta lúcido, crítico y de gran sensibilidad hacia los sectores más humildes de América Latina y el mundo.

                                                                                                                  Mónica Gómez