50 años después, ¿Adónde va el Frente Amplio?

Este 2021 se cumplieron 50 años de la fundación del Frente Amplio (FA). La conmemoración coincide con un momento en el que los honestos compañeros de base del FA se encuentran con mucha bronca, y no es para menos, contra este gobierno “multicolor” que ha venido a ajustarnos y que en un solo año ha sido responsable del aumento de la pobreza y el desempleo, mientras no ha sido capaz de tomar las medidas necesarias frente a la pandemia del covid-19, permitiendo el aumento exponencial de contagios y muertes.

Escrito por Federico

Por otra parte, 50 años después el FA y su dirigencia se encuentran en una profunda crisis, luego de gobernar durante 15 años y habiendo perdido las elecciones de 2019 frente a los históricos partidos anti obreros de la derecha. ¿Cuáles son las causas de esta crisis y cuál es su magnitud? ¿Hacia dónde pretenden llevar al FA los actuales dirigentes?

Desde IST queremos darles nuestro punto de vista sobre el proceso histórico que explica este presente del FA.

Esto es lo que nos interesa discutir en forma fraternal con los obreros, los jóvenes, los estudiantes. Con todos quienes están luchando desde su sindicato, desde la olla popular o la juntada de firmas contra la LUC; que son críticos y están con bronca no sólo contra este gobierno hambreador, sino también con la propia dirigencia del FA que cada vez se muestra más alejada de sus bases.

No lo hacemos únicamente con la intención de polemizar o discutir, sino, sobre todo, para que estos elementos sirvan para un balance de fondo, transcurridos 50 años, que ayuden a sacar conclusiones. En base a ellas, podremos debatir con más claridad cuál es la herramienta política que debemos construir los trabajadores, los jóvenes y los explotados que queremos avanzar hacia el socialismo en nuestro país y a nivel mundial.

El contexto económico y social

a. Una profunda crisis económica y política

Desde mediados de la década del 50’, Uruguay comenzaba a sufrir una profunda crisis económica. que se entrelaza con una consolidación de la penetración y la dependencia del imperialismo estadounidense. En ese período, es cuando el gobierno blanco firma la primera Carta Intención con el FMI en 1959.

De esa forma se daban los primeros pasos para profundizar el saqueo imperialista. La inversión directa de los EEUU casi se duplicó de 1.660 millones de dólares en el período 1951-1956, a 3.177 millones en los cinco años posteriores (1).

Las consecuencias fueron que, desde fines de los 50’ hasta principios de los 70’, la inflación trepó a más del 100% y la pobreza al 36% (2). El desempleo se transformó en un problema estructural junto con el hambre y la miseria.

Esa base material fue erosionando hasta liquidar aquella imagen del Uruguay como la “Suiza de América” donde reinaba la “paz social” y el “diálogo democrático” que amortiguaba los conflictos de clase y hacía parecer que los obreros podían conquistar sus derechos de forma pacífica.

Ahora la situación era cualitativamente distinta. La crisis era estructural y sin precedentes, afectaba a todas las instituciones del régimen y sus principales partidos, el Blanco y el Colorado.

A la crisis económica y política se le suma un tercer elemento decisivo: un proletariado que alcanzaba la madurez, que se fue fortaleciendo como clase durante varias décadas de lucha, y ahora ensanchaba su organización, su influencia en el conjunto de los trabajadores y sectores populares y adoptaba cada vez más combativos métodos de lucha. No sin sortear muchas veces los obstáculos impuestos por las direcciones burocráticas del movimiento obrero.

b. El impacto de la Revolución Cubana, el Mayo Francés y ascenso de las luchas

Esos elementos explosivos que configuraban la situación de Uruguay, se combinaron con el impacto continental del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 primero y del Mayo Francés en 1968, después, a lo que hay que sumar a nivel regional la insurrección del Cordobazo en Argentina en el año 69. Estos hechos significaron un impulso fenomenal a las luchas donde nuevas camadas de obreros, estudiantes, intelectuales y artistas se volcaban a un enfrentamiento cada vez más duro con el gobierno.

Esa combinación provocó un ascenso obrero cada vez más pronunciado en Uruguay que se refleja a nivel sindical en la fundación de la Convención Nacional de Trabajadores (CNT). Un período marcado por frecuentes huelgas en diferentes sectores: transporte, frigoríficos, textiles, ocupaciones de facultades y liceos.

Cada vez capas más amplias de estudiantes y obreros se volcaban a discutir una salida para el país desde su punto de vista e iban educándose en la solidaridad obrera, en las huelgas, los piquetes, las ocupaciones y la lucha callejera frente una represión también en ascenso.

Ya durante la década del 50’ se venían aplicando en diversas ocasiones las Medidas Prontas de Seguridad frente a diferentes huelgas. En las elecciones de 1966, ganó la fórmula colorada Gestido-Pacheco, que expresaba la necesidad de la burguesía de endurecer aún más la represión frente al ascenso obrero. En el año 67 muere Gestido y asume la presidencia el vice, Pacheco.

Durante su mandato se da un salto en la represión con la excusa del combate a la guerrilla tupamara que había surgido a principio de los 60’. Se implantan las Medidas Prontas de Seguridad, se militariza a los empleados públicos, se conocen informes parlamentarios que constatan la existencia de detenciones y torturas en cuarteles. En 1968, el asesinato del primer mártir estudiantil, Liber Arce, cuyo sepelio se transformó en un repudio masivo al gobierno.

En este clima de polarización social y duros enfrentamientos entre las clases se funda el Frente Amplio (FA) .

La formación del Frente Amplio

La crisis del régimen y de sus principales partidos, así como el fenomenal ascenso obrero que la burguesía veía como una amenaza para su dominación, genera que en el año 1971 un sector de la burguesía junto al Partido Comunista y el Partido Socialista funden el Frente Amplio.

La crisis y la división interna de los partidos Blanco y Colorado, dio lugar a rupturas de sectores denominados “progresistas”, críticos con la escalada represiva del gobierno de Pacheco Areco (el Pachecato), al que le oponen la necesidad de una salida “pacífica” y “democrática”; “a la uruguaya”.

Entre ellos estaban Zelmar Michelini, Hugo Batalla, Nelson Alonso, Alba Roballo (Partido Colorado), Rodriguez Camusso (del Movimiento Blanco Popular y Progresista del Partido Nacional), a los que van a sumarse dirigentes del Partido Democráta Cristiano (PDC) e independientes como Juan José Crotoggini. A ellos se sumaron militares como el Gral. Líber Seregni (proveniente de filas coloradas), Gral. Victor Licandro y otros militares retirados.

Desde los partidos de izquierda, tanto el P. Socialista como el P. Comunista y otros grupos menores, venían aceptando los planteos de un Frente opositor al Pachecato, con distintas variantes. Desde el P. Comunista, Arismendi planteaba un Frente Amplio; más tarde, Sendic por el MLN planteó un Frente Grande, tratando de abarcar a más sectores que ellos denominaban “antioligárquicos”.

El día 5 de febrero no hubo mejor lugar para la fundación que el Salón de los Pasos Perdidos en el Palacio Legislativo. Era todo un símbolo de la orientación electoral y de la política de recomponer las desprestigiadas instituciones burguesas que los nuevos dirigentes “progresistas” pretendían ahora salvar.

Para arrastrar a esa orientación a los sectores mayoritarios del movimiento obrero y los sectores populares cada vez más radicalizados que cuestionaban esa institucionalidad, la dirección frenteamplista se vio obligada a realizar un programa que denominó como “democrático y antiimperialista” con algunas medidas radicales: reforma agraria, la nacionalización de la banca privada y de los principales rubros del comercio exterior (incluyendo la industria frigorífica) o la renegociación de la deuda externa para postergar pagos y eliminar condiciones abusivas, a condición de adoptar medidas unilaterales en caso de no lograr un acuerdo. (3)

Sin embargo, estas medidas no hacían parte de un programa consecuente de ruptura con el capitalismo. Por el contrario, todas las medidas eran puestas al servicio de una ilusoria “pacificación” del Uruguay, es decir, a la conciliación de clases y el mantenimiento de un “capitalismo más humano”, con “justicia social”, que se obtendría mediante un gobierno burgués “progresista”.

Nuestra corriente morenista en Uruguay, denominada en aquel entonces Partido Revolucionario de los Trabajadores (PRT), que se había fundado al calor de ese formidable ascenso, realizó una caracterización clara sobre el FA:

Fue el nucleador de amplios sectores de la clase media radicalizada por la crisis (desde la base pequeñoburguesa desprendida de los partidos tradicionales: Michelini, Camuso, Roballo, pasando por el PDC y el PS hasta la periferia del MLN, de los sectores reformistas del movimiento obrero y de la vanguardia obrera que simpatiza con el MLN. Todos estos sectores se reunieron bajo un programa nacionalista con consignas antiimperialistas, impulsado por el Partido Comunista y al servicio de una política burguesa.

La constitución del Frente Amplio tuvo como único objetivo para los reformistas encauzar el ascenso de las masas y su conciencia antiimperialista hacia una política electoral que no utilizaba la legalidad con fines revolucionarios, sino que encarrilaba a las masas dentro del régimen burgués!“ (4).

El papel del Partido Comunista

La dirigencia del Partido Comunista del Uruguay (PCU), con una creciente influencia en el movimiento obrero y teniendo la mayoría de la dirección de la CNT, decide en su XX Congreso (1970) dar todo el apoyo para la creación del Frente Amplio.

Esta política respondía a dos directivas del estalinismo, una del VII del PCUS en 1935, que llamaba a construir “Frentes Populares” con sectores de la burguesía “progresista” y otra de su XX Congreso que inauguraba la “Coexistencia pacífica con el imperialismo”, como explicamos ya en una nota por los cien años del PCU (5).

Por ello, en su XX Congreso (1970), la dirección del PCU se hacía eco de la teoría estalinista: “Esta contradicción entre los dos sistemas [capitalista y socialista, NdE] puede resolverse, o bien por una guerra nuclear, o bien imponiéndole al imperialismo la coexistencia pacífica y la paz”. (6)

Esta política se vio reforzada por la experiencia de la Unidad Popular chilena, un Frente Popular integrado por el Partido Comunista de Chile junto a sectores burgueses que llevó al poder a Salvador Allende en 1970. El ejemplo chileno era mostrado como la “vía pacífica al socialismo”, que finalmente terminó en un sangriento Golpe de Estado liderado por Pinochet en 1973. (7)

De esta forma se fue redondeando una política pacifista, electoral, antimarxista y antileninista; de conciliación de clases. La clase obrera era llamada a confiar en las instituciones capitalistas y llevada a apoyar un gobierno burgués “progresista” que se materializaría en un gobierno del FA.

Expresaba entonces la dirección del PCU:

Maduran las premisas de una alternativa de poder democrático avanzado y patriótico. La conquista de un gobierno de tales características (…) en el que participen la clase obrera y las grandes masas trabajadoras pasa a ser el objetivo central del período que se inicia.” (8)

Rodney Arismendi, principal dirigente y teórico del PCU justificaba teóricamente esta política de conciliación de clases, apoyándose también en el XX congreso del PCUS: “En tales condiciones, y en los lugares donde ascienden al poder los partidos y personalidades democráticas avanzadas (…) se presenta la posibilidad real del tránsito al socialismo por vías peculiares, sin levantamiento armado o guerra civil (…). El movimiento comunista internacional destacó -contemplando estos casos- la extensión de las posibilidades reales de vía pacífica al socialismo” (9)

¿A qué llevó esta estrategia de conciliación de clases del FA-PCU?

Esta política de la dirección frentista, con especial responsabilidad del PCU (por su peso en la clase obrera), llevó a derrotas importantes del movimiento obrero. Enumeraremos las tres más importantes a nuestro criterio: El Golpe de Estado y la derrota de la Huelga General, el Pacto del Club Naval a la salida de la dictadura y la derrota del Voto Verde en 1989.

a. La posición frente a los militares y el Golpe de Estado

Como dijimos, la dirección frenteamplista se colocó la tarea de encauzar la combatividad de sus bases y del movimiento obrero hacia la vía electoral, la negociación y el diálogo con un régimen que hacía cada vez más de la represión una de sus características fundamentales.

En el primer acto público del FA, el 26 de marzo de 1971, Seregni afirmaba que el Frente Amplio “es la única fuerza que puede asegurar la pacificación que todos ansiamos (…). Es el último, definitivo intento del Uruguay para buscar salidas legales, democráticas y pacíficas” (10).

Más tarde, en abril de 1972, luego de que el gobierno de Bordaberry declara el Estado de Guerra Interno, la dirección frentista insiste cada vez más peligrosamente con su línea dialoguista.

El 29 de abril, en el acto realizado en el Monumento al Gaucho, declara Seregni: “En nuestra historia patria las guerras internas han terminado con un diálogo entre las partes…Eso es lo que aconseja la razón y la historia. Por eso, ahora, nosotros proponemos concretamente ante todo el país que se intente la salida del diálogo”. (11)

Y durante la crisis del febrero de 1973, cuando se conocen los comunicados 4 y 7 de las FFAA, Seregni pide la renuncia de Bordaberry como un “camino que conduzca a la reunificación de todos los orientales honestos. La presencia de Bordaberry entorpece las posibilidades de diálogo”. (12)

Y finalizaba: “(…) y solamente a partir de ese diálogo restablecido es viable la interacción fecunda entre el pueblo, gobierno y Fuerzas Armadas para comenzar la reconstrucción de la Patria en decadencia”. (13)

El PCU colaboraba con esta línea llamando a confiar en la vía electoral y en la burguesía “progresista”. Los comunicados 4 y 7 fueron apoyados por la dirección del Partido Comunista, que editorializaba:

Nosotros hemos dicho que el problema no es el dilema entre poder civil y poder militar, que la divisoria es entre oligarquía y pueblo, y que dentro de este caben indudablemente todos los militares patriotas que están con la cusa del pueblo”, mientras los dirigentes comunistas de la CNT procuraban reuniones con los mandos militares para analizar las “coincidencias de objetivos”. (14)

No cabía duda que las esperanzas de la alta dirección frentista estaban puestas en un diálogo con las FFAA, especulando con las diferentes acciones de los sectores que se denominaban como “constitucionalistas”, “legalistas” o “nacionalistas”; inspirados en el ejemplo del militar “peruanista” Velasco Alvarado. (15)

Con esa política fue que se dejó a la defensiva la heroica Huelga General del 73’, que careció por responsabilidad de la dirección (mayoritariamente en manos del PCU) de una planificación detallada, de un boletín de huelga e incluso de brindar información a la base. Por ejemplo en el gremio del transporte, los propios militantes de base comunista se quejaban de la falta de información brindada por parte de sus dirigentes. (16)

La huelga que había hecho surgir a la dictadura aislada, terminó, producto de esa política, desgastándose y dándole tiempo a la dictadura para el contraatque, lo que terminó en la derrota de la huelga y en la consolidación del golpe que instauraría un régimen de terror contra la clase obrera y sectores populares durante 12 años. (17)

Una dictadura que se sumó a la brasileña del 64, a la represión de la dictadura chilena que derrocó el gobierno de Allende en Chile y a la de Videla en Argentina, sumiendo al Cono Sur americano bajo el “Plan Cóndor”. Fueron los años más duros y crueles, con cárceles, torturas, desaparecidos, exilios y la violación continua de los más elementales derechos humanos de los trabajadores, las mujeres y los niños.

b. El Pacto del Club Naval y el Voto Verde

En 1984 cuando la dictadura tambaleaba y existían posibilidades reales de que la movilización popular, con los trabajadores conquistando cada vez más demandas, la tirase abajo como había ocurrido en Argentina, los partidos políticos patronales buscan dar una “transición ordenada” junto con los militares. Tenían terror a que los trabajadores y las masas la hicieran caer con sus propios métodos de lucha.

Para esa “transición ordenada” fue clave el papel de los dirigentes del Frente Amplio, que sellaron en el Pacto del Club Naval junto al Partido Colorado y los mandos militares un acuerdo donde se mantenía la impunidad para los genocidas y se aceptaba la proscripción de candidaturas como la de Seregni. El Partido Nacional que por tener preso a W. F. Aldunate no participó del pacto, lo apoyó más tarde dando sus votos para la creación de la Ley de Impunidad.

Se abrió así un régimen con libertades democráticas tuteladas por las FFAA. Para evitar que la efervescencia de la movilización y las luchas que había logrado la liberación de muchos presos políticos, incluido Seregni, liquidara ese pacto reaccionario, otra vez la dirección del FA volvió a su política de “paz” y de reencauzar el descontento y la lucha a la vía electoral y la negociación, explotando hábilmente las ansias democráticas luego de más de diez años de feroz dictadura.

Así, Seregni declara en el célebre discurso desde el balcón de su casa frente a la multitud luego de ser liberado: “(…) quiero decirles con gran preocupación de este momento, para poder transitar efectivamente los caminos de la recuperación de la democracia, es la pacificación de los espíritus. La pacificación nacional la sentimos como una necesidad: no hay democracia si no hay paz (…) Sólo les pido a ustedes (…) vayan ahora para sus casas. Les pido a ustedes, que en la forma más pacífica y más tranquila cada quien retorne a su hogar.” (18)

Y en un informe interno a la militancia busca apaciguar a las bases y el descontento creciente para profundizar ese camino de negociación con los militares:

Movilización, concertación y negociación son los tres elementos en que se apoya la estrategia del Frente Amplio (…) Algo debe quedar claro , para que ningún militante se confunda: el Frente Amplio no renuncia a ninguno de sus principios, no abandona ninguna de sus banderas… Que nadie se sienta frustrado por lo que no se logró todavía, que ningún militante frenteamplista se desmovilice por no estar satisfecho con lo obtenido…” (19).

En el plenario del FA celebrado el 6 de agosto, se vota avalar las negociaciones de la cúpula con los mandos militares, con solo 6 votos en contra de 31, entre ellos el voto negativo de los Núcleos de Base Frenteamplista, lo que demostraba la desconfianza de los sectores de base a dichas negociaciones. (20)

Cuatro días después, en un acto del FA en la explanada municipal, Seregni se ve obligado a hacer referencia a las negociaciones y trata de calmar las aguas, intentando convencer a las bases de que era necesario y obligatorio pactar con los milicos. Sus palabras eran sintomáticas:

(…) No ha sido fácil entender la necesidad de negociar. Por un lado, por la combatividad de la militancia frenteamplista esperaba la derrota completa del enemigo; no admitía que el enemigo obtuviera las ventajas de una paz negociada. (…) La dictadura, aislada social y políticamente, tiene el monopolio de la fuerza armada. Es ineludible, pues, el negociar.” (21)

Esta posición ya había sido defendida por Seregni en su carta desde la cárcel en 1981, luego del triunfo del No en el plebiscito del 80: “Dijimos que se debía ‘ayudar’ al régimen a encontrar salidas; no aislarlo, ni aislarse, no dejarlo solo (…)” (22)

La aguerrida militancia de base frenteamplista quería la caída del régimen, que estaba aislado y tambaleante. Las negociaciones del Club Naval no hicieron más que darle el aire necesario a los militares para realizar una “transición ordenada” y mantener la impunidad, una política que la dirección frentista venía elaborando desde que la dictadura entra en crisis y que se terminó plasmando en el Pacto del Club Naval.

Con esa política de pactos, la dirección frentista colaboró ocupando seis cargos en direcciones del Estado en el gobierno de “entonación nacional” de Sanguinetti surgido de las elecciones del 84, donde hubo candidatos proscriptos y cientos de ciudadanos que no podían votar debido a los procesos de la justicia militar.

La dirección del FA no estaba dispuesta a enfrentar a fondo a las FFAA porque éstas son el brazo armado del Estado capitalista, su columna vertebral. Y la dirección del FA estaba comprometida, como vemos, en salvaguardar ese régimen y estado capitalista de su crisis.

Con esa misma orientación fue que luego, en el plebiscito de 1989 para anular la Ley de Impunidad, cuando los trabajadores y sectores populares realizaron una campaña colosal y así lograron llegar a las firmas para su realización, desde la cúpula del FA no se hizo campaña a fondo. Una vez más, las bases mostraban su disposición a la lucha, mientras que la dirección se colocaba a la cola de sus militantes y no apoyaba con todas sus posibilidades.

Sus principales figuras evitaron expresarse públicamente y sustituyeron la consigna “Contra la Impunidad Juicio y Castigo” por “votar por la alegría y la paz”, con la excusa de no partidizar el voto, dejándole la cancha libre al gobierno de Sanguinetti que también llamaba a votar por “la paz” con el voto amarillo para mantener la impunidad.

En el fondo, los dirigentes timoratos temían que un resultado favorable a la anulación de la ley de impunidad pusiera en cuestión lo pactado en el Club Naval (23). Una política similar volvieron a tener en el plebiscito de 2009 por el mismo motivo.

Así, en un marco mundial donde se restauraba el capitalismo en los ex-estados obreros y luego que la dictadura había realizado un aplastamiento de la vanguardia surgida en la década del 60’, la dirección frentista fue virando cada vez más a la derecha, abandonando paulatinamente cualquier tipo de consigna o medida “radical” como eran algunas de las levantadas previo al 73.

Crisis del 2002 y gobierno del FA

Durante el gobierno de Jorge Batlle y la crisis del 2002, nuevamente la dirigencia frentista y la burocracia sindical afín a este salen a salvaguardar al régimen: se canaliza todo el descontento social hacia las elecciones de 2004, queriendo evitar la burguesía a toda costa que sucediesen hechos como los ocurridos en Argentina, donde las masas en lucha habían derribado a cinco presidentes.

Así lo reconoce y lo elogia la reciente editorial del reaccionario y defensor a ultranza del gobierno de Lacalle Pou, El País: “En la crisis terrible que habría de desatarse en los años de la administración Jorge Batlle, la izquierda tuvo la virtud de jugar sus cartas dentro del marco institucional democrático” (25).

Luego vendrían 15 años de gobiernos del FA con mayorías parlamentarias. Hubo algunas mejoras económicas para los trabajadores en relación al fondo tocado en la crisis del 2002, en un contexto continental de un enriquecimiento fabuloso de las grandes patronales nacionales y extranjeras por el alto precio de las materias primas que dejaron caer alguna migaja.

Pero la economía se hizo cada vez más dependiente de las multinacionales y la situación de los trabajadores y sectores populares seguía siendo, en el fondo, precaria; lo que se visualizó con claridad al inicio de la pandemia con la proliferación de ollas populares, los despidos, etc.

Del antiimperialismo se pasó al sometimiento a los EEUU, simbolizado en el asado entre Vázquez y Bush o la visita de Mujica a Rockefeller en el Salón Oval.

De la reforma agraria se pasó a la mayor extranjerización de la tierra, profundizando el problema del latifundio. Y entregando las tierras a las multinacionales como UPM.

A pesar de las mayorías parlamentarias, la dirigencia del FA se negó a anular la impunidad y el resultado es que hoy siguen impunes la inmensa mayoría de los asesinos de la dictadura.

Y durante el segundo gobierno de Tabaré Vázquez se decretó la esencialidad en la educación (lo que no ocurría desde el pachecato), decreto que fue derrotado por las maestras y que marcó un punto de inflexión en la relación de los trabajadores con el FA.

Las nuevas generaciones necesitan una bandera limpia

Es en todo este camino que hay buscar las respuestas a la decadencia actual de esta dirigencia del FA. Este ha sido el destino de la política de “humanizar” el capitalismo. Una decadencia que se refleja en su propia dirigencia, incapaz de realizar algún tipo de autocrítica seria frente a su militancia, o de ofrecer alguna alternativa real más que el “apoyo crítico” al gobierno de Lacalle Pou, pensando únicamente en los cargos y las elecciones mientras los dirigentes de los diversos sectores se enfrascan en disputas de cúpula que en nada ayuda a la lucha que dan desde las bases.

La discusión acerca del balance del FA no es solo una cuestión sobre Historia.

Hoy, nuevamente se avizoran los primeros golpes de una crisis que se proyecta como muy profunda y que el gobierno de Lacalle Pou ya está haciendo recaer sobre los trabajadores, los sectores populares y la juventud.

Ya estamos viendo las primeras consecuencias: más pobreza, desempleo, explotación, precarización laboral, violencia machista, delincuencia y violencia social en general.

De fondo, asistimos al declive y decadencia total del Uruguay capitalista dependiente que se pudre, donde no hay salida para los trabajadores y los pobres dentro de él. Solo nos promete más barbarie.

Por eso, la experiencia del FA debe servir para demostrar que la “humanización” del capitalismo es imposible, que no hay “capitalismo justo” o “democrático”. Que es imposible cualquier cambio serio dentro de las instituciones de este sistema, como siguen proponiendo las direcciones del FA y el Partido Comunista, cada vez de forma más decadente y vergonzosa.

Por eso, la dirigencia frentista está en una crisis irreversible y cada vez más profunda. Porque siguen llamando a los trabajadores a confiar en el capitalismo y las instituciones de esta democracia que está al servicio de los ricos. A esas instituciones podridas a las cuales estos dirigentes están totalmente asimilados en sus cómodos despachos parlamentarios y ministeriales, muy alejados de las necesidades populares.

Su crisis es parte de la crisis de todo el sistema, del régimen y de sus partidos… a la que los analistas burgueses han dado el nombre de “crisis de la democracia”.

Las nuevas generaciones que comienzan a salir a las luchas, así como los jóvenes que aún no lo hacen pero que, por los golpes de la crisis y la falta de perspectivas, se verán obligados a hacerlo más temprano que tarde, serán la materia prima de la próxima vanguardia que tendrá la enorme tarea de estudiar a fondo estas experiencias del pasado para sacar de ellas todas las conclusiones.

Y en ese camino, nuestra propuesta desde IST y la LITCI, es construir el partido revolucionario y la Internacional de la clase obrera, los explotados y oprimidos, para derribar este sistema, limpiando las banderas del socialismo revolucionario, manchadas por burócratas, burgueses y militares “nacionalistas” de todo pelaje, que para salvar a este sistema han prostituído una y mil veces al marxismo.

Notas:

1) El fin del Uruguay Liberal. Historia del Uruguay tomo 10, pág. 145.

2) Alicia Melgar, distribución del ingreso en Uruguay. Historia del Uruguay tomo 10.

3) “Primeras 30 medidas de Gobierno”, 26 de agosto de 1971. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 107.

4) “Ni Bordaberry Ni Golpe”, documento del PRT 1973.

5) 100 años del PCU, un debate necesario. https://www.ist.uy/100-anos-del-partido-comunista-del-uruguay-un-debate-necesario/

6) Informe al XX Congreso del PCU (1970): https://drive.google.com/file/d/0B97w6ZxZtYV5bDEzejh4T01TME0/view

7) Sobre el debate de la “vía chilena al socialismo” ver: https://litci.org/es/chile-el-fin-de-la-via-pacifica-revista-de-america-1973/

8) Informe al XX Congreso del PCU (1970).

9) “Lenin, la revolución y América Latina”, pág 124. R. Arismendi (1970).

10) “26 de Marzo de 1971”. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 28.

11) ”Trágicas jornadas de abril de 1972”. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 40.

12) “Los sucesos de Febrero y la gestación del golpe”. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 41.

13) El fin del Uruguay Liberal. Historia del Uruguay tomo 10, pág. 89.

14) Editorial de “El Popular”, 11 de febrero de 1973. El fin del Uruguay Liberal. Historia del Uruguay tomo 10, pág. 89.

15) Velasco Alvarado fue un militar peruano que dio un golpe de estado en 1968 y que entre las medidas que adoptó estuvo la nacionalización de la banca, los recursos mineros, estatizó la industria pesquera.

16) “Unidad Sindical y Huelga General”, pág. 74. Héctor Rodríguez, 1984.

17) “15 Días que Conmovieron al Uruguay”, Jorge Guidobono. Publicado en “Revista América n.º13 en 1974. Desde IST realizamos su reedición, pedila a rebelion@ist.uy

18) “Liberación de Seregni”, El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 61.

19) “Acuerdo o Pacto del Club Naval”. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 64.

20) Ídem.

21) “El Fa en la Explanada Municipal: Acto del 10 de agoso”. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 66.

22) Desde la prisión. Carta de Seregni. El Frente Amplio: Historia y documentos. Miguel Aguirre Bayley, pág. 133.

23) Puede verse el balance de nuestra corriente en: ¿Por qué perdió el voto verde? En Correo Internacional n°40, mayo de 1989. Disponible en www.archivoleontrotsky.org

24) Ver Rebelión n°7 (Noviembre de 2009), “Por qué no triunfó el plebiscito del Sí?”, disponible en https://issuu.com/ist_rebelion/docs/rebelion-07

25) “Medio siglo del Frente Amplio”, Editorial de El País 6/1/21.