El 25 de octubre se cumplen 109 años de la revolución de octubre en Rusia. Desde hace décadas en ese país no existe esa enorme conquista que fue el Estado Obrero. Los crímenes de la burocracia stalinista y la contrarrevolución imperialista lograron restaurar el sistema capitalista. Estos hechos históricos que golpearon al movimiento obrero mundial, como lo fue en su momento la caída de la Comuna de París, dejaron abiertos debates y balances muy necesarios para los revolucionarios sobre las razones y el proceso que llevaron a estos hechos. A continuación presentamos algunos párrafos, fragmentos, de la conferencia sobre la revolución de octubre que León Trotsky brindó, invitado por la Asociación de estudiantes socialdemócratas, en de Copenhague, Dinamarca en el año 1932.

León Trotsky

Queridos oyentes, me permito pensar que no desconozco las contradicciones, las dificultades, las faltas y las insuficiencias del régimen soviético tan bien como cualquiera. Personalmente jamás traté de disimularlas, ni en palabras ni por escrito. Pensé y sigo pensando, que la política revolucionaria –a diferencia de la conservadora– no puede ser edificada sobre el engaño. “Expresar lo que es” debe ser el principio más elevado del Estado obrero.

Pero es necesario tener perspectiva, tanto en la crítica como en la actividad creadora. El subjetivismo es un mal indicador, sobre todo en las grandes cuestiones. Los plazos deben ser adaptados a las tareas y no a los caprichos individuales. ¡Quince años! ¿Qué es esto para una sola vida? Durante este tiempo fueron enterrados muchos de nuestra generación, otros han visto encanecer sus cabellos. Pero estos mismos quince años: ¡qué período más insignificante en la vida de un pueblo! Nada más que un minuto en el reloj de la historia.

El capitalismo necesitó siglos para afirmarse en la lucha contra la Edad Media, para elevar la ciencia y la técnica, para construir ferrocarriles, para tender hilos eléctricos. ¿Y entonces? Entonces, la humanidad fue lanzada por el capitalismo al infierno de las guerras y las crisis. Pero al socialismo, sus adversarios, es decir, los partidarios del capitalismo, sólo le dan una década y media para instaurar sobre la tierra el paraíso con todo el confort.

No, nosotros no nos hemos asumido sobre nuestras espaldas semejantes obligaciones. No hemos estable­cido tales plazos. Se deben medir a los procesos de grandes cambios con una escala adecuada. No sé si la sociedad socia­lista se asemejará al paraíso bíblico; lo dudo mucho. Pero en la Unión Soviética todavía no existe el socialismo. Un Estado de transición, lleno de contradicciones, cargado con la pe­sada herencia del pasado, y además, bajo la presión enemiga de los Estados capitalistas: esto es lo que allí predomina. La Revolución de Octubre ha proclamado el principio de la nueva sociedad. La República soviética sólo ha mostrado el primer estadio de su realización. La primera lámpara de Edison fue muy imperfecta. Bajo las faltas y los errores de la pri­mera edificación socialista se debe saber discernir el porvenir…

La Revolución de Octubre ha penetrado más profundamente que todas las precedentes en el santuario de la sociedad, en las relaciones de propiedad. Son necesarios plazos más largos para que se manifiesten las fuerzas creadoras en todos los terrenos de la vida. Pero la orientación general del cambio es ya, desde ahora, clara: la República de los Soviets no tiene por qué agachar la cabeza ni emplear el lenguaje de la excusa…

Por otra parte, no olvidemos que la edificación socialista, según su esencia, sólo puede alcanzar su coronamiento en la arena internacional…

…Noten con qué sensibilidad las lenguas de las naciones civilizadas han distinguido dos épocas en el desarrollo de Rusia. La cultura aristocrática aportó al mundo barbarismos tales como zar, cosaco, pogrom, nagaika [látigo]. Ustedes conocen estas palabras y saben su significado.

Octubre aportó a las lenguas del mundo palabras tales como bolchevique, soviet, koljós, posplan [Comisión del plan], piatiletka [Plan quinquenal]. ¡Aquí la lingüística práctica rinde su juicio histórico supremo!

“¡Quién lo creerá!” Ya se debía creerlo. Poco después de la insurrección, uno de los generales zaristas, Zaleski, se escandalizaba de que “un portero o un guarda se convirtiera de pronto en un presidente de tribunal; un enfermero, en di­rector de hospital; un barbero, en dignatario; un alférez, en comandante supremo; un jornalero, en alcalde; un obrero calificado, en director de empresa”.

“¡Quién lo creerá!” Ya se debía creerlo. No se podía por otra parte dejar de creer, mientras que los sargentos batían a los generales; el maestro, antiguo jornalero, derribaba la resistencia de la vieja burocracia; el conductor ponía orden en los transportes; el obrero calificado, como director, restablecía la industria. “¡Quién lo creerá!” Que se trate ahora de no creerlo.

… Para terminar, tratemos de fijar el lugar de la Revolución de Octubre no solamente en la historia de Rusia, sino también en la historia del mundo. Durante el año 1917, en el intervalo de ocho meses, dos curvas históricas convergen. La Revolución de Febrero –este eco tardío de las grandes luchas que se desarrollaron en los siglos pasados sobre el territorio de los Países Bajos, Inglaterra, Francia, casi toda la Europa continental– se une a la serie de las revoluciones burguesas.

La Revolución de Octubre proclama y abre la dominación del proletariado. Es el capitalismo mundial quien sufre, sobre el territorio de Rusia, su primera gran derrota. La cadena se rompió por el eslabón más débil. Pero es la cadena, y no solamente el eslabón, lo que se rompió.

Hacia el socialismo

El capitalismo como sistema mundial se sobrevive históricamente. Ha terminado de cumplir su misión esencial: la elevación de la potencia y la riqueza humana. La humanidad no puede estancarse en el peldaño alcanzado. Sólo un poderoso empuje de las fuerzas productivas y una organización justa, planificada, es decir, socialista, de producción y distribución, puede asegurar a los hombres –a todos los hombres– un nivel de vida digno y conferirles al mismo tiempo el sentimiento precioso de la libertad frente a su propia economía.

La libertad bajo dos tipos de relaciones: en primer lugar, el hombre no se verá ya obligado a consagrar su vida entera al trabajo físico. En segundo lugar, ya no dependerá de las leyes del mercado, es decir, de las fuerzas ciegas y oscuras que se edifican sobre sus espaldas. Edificará libremente su economía, es decir, según un plan, compás en mano. Esta vez, se trata de radiografiar la anatomía de la sociedad, de descubrir todos sus secretos y de someter todas sus funciones a la razón y a la voluntad del hombre colectivo. En este sentido, el socialismo debe convertirse en una nueva etapa en el crecimiento histórico de la humanidad… El socialismo significará un salto del reino de la necesidad al reino de la libertad. También es en este sentido que el hombre de hoy, lleno de contradicciones y sin armonía, franqueará la vía hacia una nueva especie más feliz.

Por IST