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Opinión: por Juan Ranchos

Pasaron pocos días para poder hacer un análisis profundo sobre el significado de este muy apretado triunfo de la papeleta del NO. Aproximadamente unos 25 mil votos le permitieron al gobierno evitar la derogación de algunos artículos de la LUC. Como para todos los que salimos a militar por el SI, los resultados son un golpe en el estado de ánimo y a la vez la acumulación de más bronca por parte de las y los trabajadores, el pueblo humilde y de los jóvenes que tuvieron la proeza de imponer con sus movilizaciones esta instancia de referéndum y que transformaron aquellas 800 mil firmas en más de un millón de votos.

A pesar de ser conscientes de que esta pelea se dio en el mejor terreno que tienen las patronales y el gobierno capitalista –las elecciones burguesas-, analizamos el referéndum como una parte de la situación que expresa de forma distorsionada la lucha de clases. Por eso debemos tener en cuenta que, a pesar de jugar en su cancha, el gobierno de la derecha ganó con lo mínimo, muy ajustado.

¿Por qué abrir esta opinión aun cuando estamos procesando las consecuencias de estos resultados?

La respuesta tiene dos partes. La primera, para decir a la enorme mayoría de los que militaron por el SI y que depositan una confianza importante en estos mecanismos de la “democracia directa”, que los resultados de los plebiscitos o referéndum, aun cuando los ganamos, cuando fueron favorables electoralmente, nunca fueron respetados por ningún gobierno. Basta recordar solo como ejemplo el plebiscito sobre el agua y el realizado contra las privatizaciones.

Lo segundo de mucha importancia es que la dirigencia del partido comunista, los parlamentarios progresistas y los arribistas del FA, además de apropiarse de la muy buena votación del SI, envían por abajo, a la militancia, el viejo discurso de echarle la culpa a la “gente atrasada” por no haber llegado al 50% exigido de los votos.

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De esta manera se absuelven de sus grandes responsabilidades, de no querer movilizar manteniendo un apoyo solapado y constante para cogobernar, ya que no quieren enfrentar en serio, en las calles, al gobierno antiobrero de la derecha más rancia que gobierna Uruguay. La alta dirigencia no debe cubrir la derrota con frases evasivas diciendo que “triunfó la democracia”. La falta de votos para que ganara el SI fue responsabilidad de una dirigencia de izquierda y una cúpula sindical que, usurpando las 800 mil firmas a las bases que la consiguieron, se colocaron y resurgieron como quienes habían conquistado la apertura de esta instancia de votación. Desde ese momento aclararon y lo siguen diciendo, que este no era un referéndum contra el gobierno, (solo contra 135 artículos). La dirigencia del FA que le impuso a las organizaciones sociales y a pequeños grupos de izquierda independientes ir solo contra 135 artículos y no contra toda la LUC, solo tomó esta instancia para medir fuerzas con vistas a las elecciones de fines de 2024.

Todos ellos, desde hace muchísimo tiempo, abandonaron el apoyo a los que luchan. Es su tibieza y su empeño por mantener un buen diálogo con la derecha que los llevó incluso a que se opusieran al llamado por las redes cuando se convocó al cacerolazo contra el gobierno durante la conferencia de Lacalle Pou. Su objetivo, como lo afirmó y reafirma Fernando Pereira, es rogar una mesa de diálogo al otro día para transar con la derecha, para ayudarlos en un gobierno de unidad nacional que aplique un poco “más suavemente” el violento ataque que estamos pasando, como los despidos, las rebajas de salario, la violencia contra la mujer y las reformas contra los trabajadores y jubilados que se nos vienen.

Los mariscales de la derrota

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Aunque es duro, aunque a los compañeros de base del FA les rechine, acá los mariscales de la derrota, igual que sucedió en las elecciones generales contra la derecha, fueron la alta dirigencia del FA y la mayoría de la cúpula del PIT-CNT que sintonizan con su política de conciliación de clases. Solo quieren alguna lucha aislada que utilizan para presionar y vivir de forma permanente negociando y esperando las elecciones en busca de tener más sillones y suculentos sueldos.


Desde hace mucho que toda esta alta dirigencia ha dejado de servir a los intereses de los obreros, de la mujer, de los humildes. Con sus altísimos sueldos y cargos parlamentarios se han consolidado definitivamente como reemplazo de los representantes de la burguesía, cuando los viejos partidos de mayor confianza (blancos y colorados) son repudiados por la clase trabajadora. No falló la clase, ni los pobres, ni la juventud. Lo que nos faltó es tener al frente una dirigencia consecuente y luchadora que apueste no solo a las elecciones sino principalmente a la organización y la lucha, preparando enormes movilizaciones y paros unificados decididos por la base como única garantía, incluso de haber triunfado el SI, para poder derrotar en las calles los planes de gobierno.

¿Qué hacer?

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El gobierno, pese a su ajustado triunfo, como le pasó en las elecciones de 2019 en las cuales ganó por apenas 30 mil votos, lo usará como espaldarazo para subir los combustibles, los precios y las tarifas, continuar con la rebaja de salarios, legitimar la represión y comenzar con las reformas que le exige el FMI, como es el robo descarado de nuestra Seguridad Social que preparan junto al “progresismo”. Esa reforma significará, para la mayoría de los trabajadores, la imposibilidad de jubilarse y también una rebaja de las jubilaciones, pensiones y la pérdida de muchos beneficios.

Desde nuestra última editorial afirmábamos: “sea cual sea el resultado y el escenario posterior al referéndum, lo cierto es que los trabajadores, trabajadoras, mujeres, jóvenes y jubilados, deberemos organizarnos desde abajo, como se hizo para la juntada de firmas, para pelear contra este gobierno de los ricos y dueños del Uruguay”. Es desde abajo, con las direcciones clasistas, honestas y antipatronales que debemos comenzar a unificar cada lucha, cada conflicto. La unidad en la movilización y los paros es condición necesaria para enfrentar las medidas del gobierno y las patronales.
Pero hay una segunda tarea no menor y paralela a la lucha sindical y cotidiana: no hay posibilidad de tener grandes luchas con perspectivas socialistas y revolucionarias si en medio de los conflictos no construimos una nueva dirección política. Sabemos que en este punto tenemos un debate con muchos compañeros con quienes compartimos la lucha sindical sobre cuál debe ser el camino a recorrer para llegar al socialismo, de cuál es el instrumento necesario para acabar no solo con los gobiernos de derecha, sino además con este sistema que nos explota y nos mata, con este sistema al servicio de los ricos llamado capitalismo.

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Llamamos a los cientos de miles de mujeres trabajadoras, de obreros, a la juventud que militó y votó por el SI y les proponemos pelear juntos, enfrentar al gobierno de derecha y organizar desde abajo, en las fábricas, los barrios y liceos las luchas y movilizaciones para pararle la mano al gobierno. En esas peleas unitarias en las que saldremos codo a codo queremos plantearles la gran necesidad de comenzar a instalar los cimientos de una nueva dirección política, revolucionaria y socialista. Te proponemos construir un partido de izquierda sin patrones, sin burócratas sindicales ni militares patriotas. La tarea de fondo de esa nueva organización de izquierda será la de derrotar al capitalismo y colocar proa al socialismo internacionalista con democracia obrera.

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