Fue un 20 de mayo en 1976 que la dictadura de Juan María Bordaberry y la cúpula militar extendió sus garras hasta Argentina donde fueron asesinados vilmente Zelmar Michelini, Héctor Gutiérrez Ruiz, Rosario Barredo y William Whitelock y fue desaparecido Manuel Liberoff.

Ya pasaron 30 años y esta marcha -lejos de quedar en el olvido- cada año recibe el apoyo de nuevas generaciones y sectores populares que se suman a esta dura y porfiada lucha democrática por “Memoria, Verdad, Juicio y Castigo”.

En los hechos, la marcha viene adquiriendo un carácter no sólo más masivo y nacional sino también internacional, agrupando en esta lucha a miles de exiliados uruguayos. Desde todos los rincones, se ha resignificado esta profunda lucha democrática que deja al desnudo las profundas carencias de esta democracia “ejemplar” que los partidos políticos nos pretenden vender.

¿Institucionalidad “democrática plena”?

Hoy todos los partidos políticos festejan los 40 años de institucionalidad democrática, a partir del fin del período de la dictadura militar en 1985.

Todos los días son de festejo con actos, discursos y celebraciones, tanto en el parlamento como en las reuniones con las cámaras empresariales, ya sean nacionales o extranjeras.

Pero lo que ellos festejan es su propia democracia, la democracia de los ricos, la democracia de los privilegios, la democracia de los que no tienen que preocuparse por el empleo o por cómo llegan a fin de mes ni qué le dan de comer a sus hijos.

La memoria y la impunidad no se pueden negociar

Nosotros los trabajadores, las mujeres, los jubilados, los estudiantes y los sectores pobres repudiamos esos festejos por hipócritas, falsos y mentirosos.

Nos mienten descaradamente una y otra vez, pero no responden a nuestros reclamos democráticos. Ni tampoco a los actuales como trabajo, salud y vivienda para todos. Por el contrario, buscan distraernos, entretenernos, cansarnos para que pongamos fin a esta dura lucha que estamos llevando adelante desde abajo, desde las fábricas, los barrios, los liceos.

Tenemos claro que nada podíamos esperar de los gobiernos patronales, encabezados por los partidos tradicionales blanco y colorado, a los que se sumó el partido de Manini Ríos, defensor de la dictadura. El gobierno anti obrero y corrupto encabezado por Lacalle Pou no solo no dio ninguna respuesta a nuestras reivindicaciones sino que pretendió arrasar con derechos ya conquistados a través de la lucha. Todos ellos, de una manera u otra, han buscado “dar vueltas la página” y poner fin a nuestra justa lucha.

Una cierta expectativa e ilusión se abrió con la llegada nuevamente del Frente Amplio al gobierno. Sin embargo, sus dirigentes han hecho poco y nada por la lucha de los DDHH. Nosotros en IST tenemos mucho respeto por los militantes frenteamplistas, pero siempre buscamos un diálogo franco y fraternal.

Por más que busquen acuerdos entre los partidos, la iglesia, las patronales y los sindicatos, la dirección del FA tiene como objetivo cerrar esta lucha profundamente democrática. Y continuar gerenciando esta sociedad capitalista que está profundamente entrelazada con la impunidad y la corrupción.

Este nuevo gobierno del FA -al igual que los anteriores- no representa los intereses de los trabajadores sino los de la patronal y las multinacionales.

Por eso es necesario que desde abajo impongamos con nuestra movilización en las calles nuestros reclamos:

Verdad, justicia y castigo!!!

Cárcel común para los genocidas!!!

Basta de impunidad!!!