
¡Solidaridad con la huelga en Minnesota y la lucha contra Trump y el ICE!
Los trabajadores, inmigrantes, jóvenes, mujeres y el movimiento estudiantil se están levantando en Estados Unidos contra la violencia de la policía migratoria (ICE), que derivó en Minneapolis con el asesinato de Reneé Good. La política abiertamente represiva, colonialista y de sometimiento que Trump intenta imponer a nivel internacional, cuyos puntos críticos son el apoyo a Israel y el genocidio en Palestina, los bombardeos en Venezuela, sus amenazas de ocupar Groenlandia o de invadir Irán, es la misma política que lleva adelante en su propio país atacando duramente a los inmigrantes, al proletariado y los estudiantes.
Pero la clase trabajadora en EEUU ha salido con decisión a dar una gran batalla contra esos ataques, lo cual es el centro de esta primera nota.
De un lado se encuentra, la parasitaria y podrida burguesía imperialista con Trump a la cabeza, que ya ni siquiera esconde su odio de clase, su racismo y sus intenciones de arrebatar las conquistas obreras y recortar las libertades democráticas.
Del otro, los trabajadores inmigrantes, que desde los barrios obreros, las escuelas, las fábricas y los comercios, representan una fuerza colosal dentro de Estados Unidos, que Trump, con su represión y provocaciones, ha puesto en movimiento.
Pero no solo los trabajadores inmigrantes son los que están luchando: han ganado el apoyo de importantes sectores de la población norteamericana, que se organizan para resistir y pelear contra los ataques y el terror del ICE. Demostrando que la política reaccionaria de Trump de dividir a los trabajadores inmigrantes de los obreros norteamericanos, no le será nada sencillo.

La pelea que se desarrolla, es una lucha de primer orden para los trabajadores no solo de EEUU sino de todo el mundo. Porque un retroceso o golpe al gobierno imperialista sería un gran paso adelante para las luchas de los explotados y oprimidos del mundo entero, que enfrentan el saqueo colonial y el sometimiento de los gobiernos sumisos al imperialismo yanqui.
Por eso la situación y la lucha que se desarrolla en Minneápolis, Nueva York y en muchos estados de EEUU -de la cual solo estamos presenciando los primeros capítulos-, debe ser seguida de cerca por todo obrero consciente y por todo luchador revolucionario. ¿Cómo se ha llegado a este punto en Estados Unidos?
Un ascenso de las luchas obreras y populares como respuesta a la decadencia social
Para entender la situación actual hay que ver qué está pasando con las luchas obreras en los últimos años. La burguesía imperialista enfrenta un poderoso ascenso de conflictos sindicales que se han venido gestando en el último tiempo. En el 2023 se conocieron datos y noticias que, confirmando este hecho, hablaban de los mayores conflictos sindicales y huelgas en por lo menos 50 años.
Algunos de los ejemplos que podemos enumerar fueron: la huelga en 2019 de 30mil maestros de California y que se replicó en varios Estados. Las dos huelgas de empleados del histórico diario The New York Times (la primera medida de esa magnitud en 40 años) en 2022 y 2024. La lucha en Hollywood en el año 2023 que involucró 17mil actores y 11.500 guionistas. La huelga simultánea en las automotrices de Ford, Stellantis y General Motors de Detroit, donde participaron 45mil obreros, también en 2023.
A lo anterior se sumó el conflicto en la empresa médica Kaiser Permanente donde se realizaron cinco días de huelga del sector sanitario y que involucró 75mil empleados. Hubo otra huelga de dos días de 55 mil trabajadores del Sindicato Internacional de Empleados de Servicios, que realizó una movilización masiva en Los Ángeles donde fueron detenidos 14 manifestantes. Otra medida de este tipo se llevó adelante en noviembre de 2025, más de mil trabajadores de Starbucks paralizaron actividades en 65 locales de 40 ciudades. En Amazon se desarrolló una gran pelea por la sindicalización que fue creciendo en todo el país frente a una patronal que quería impedir la formación de sindicatos.
Un destaque especial merece la huelga de 15mil enfermeras en el Hospital de Nueva York, que al cierre de esta nota ya llevaba 10 días. Allí se están realizando mítines, piquetes y protestas cotidianas que están teniendo repercusión nacional e internacional, peleando por salarios, contratos justos, contra la violencia que sufren en los hospitales y e incorporando en muchos casos el reclamo contra el ICE.

Hay una palabra que se repite en la prensa, en las declaraciones de trabajadores, activistas y dirigentes sindicales para calificar a la inmensa mayoría de las huelgas que recorren el país y que da cuenta de su magnitud: Históricas.
Tan poderoso ha sido el impulso, que ha obligado a que dirigentes del Partido Demócrata como Ocasio Cortés, Bernie Sanders o el flamante alcalde Mamdani, tuvieran que hacerse presentes para manifestar su apoyo, de palabra, a la huelgas, para mejor intentar frenarlas y de paso posicionarse para las elecciones.
A todo este enorme proceso, hay que agregar nada menos que el impresionante levantamiento por el asesinato por parte de la policía contra George Floyd en 2019 -precedido por las luchas de Black Lives Matter (Las vidas Negras Importan)-, a pocos kilómetros de donde hace semanas fue asesinada ahora Reneé Good. Estuvieron tambien las enormes movilizaciones y ocupaciones contra el genocidio en Palestina en decenas de las Universidades más renombradas del país imperialista y del mundo, como Harvard o Columbia. Esas protestas llegaron a levantar barricadas en los campus universitarios para enfrentar la represión y los grupos pro-sionistas que querían terminar con las ocupaciones mediante la fuerza, cosa que no lograron.
Todas estas luchas están incorporado nuevas camadas de obreros y trabajadores jóvenes que se organizan frente a las pérdidas de salario, las jornadas agotadoras y una situación social que hasta hace algunas décadas parecía imposible imaginar dentro de EEUU. Situación que se refleja en el aumento sideral de la pobreza, de las personas sin hogar (homeless) o la precarización laboral.
Las impactantes imágenes de personas haciendo filas para recibir alimentos en comedores de Nueva York, las filas de personas en situación de calle en diversos Estados como California, Washignton o Nueva York para poder dormir en un refugio, o que directamente duermen en carpas y campamentos improvisados que ocupan calles enteras, eran cosas que se estaba acostumbrado a ver en los países del tercer mundo y no en la principal potencia mundial. Esto no hace más que reflejar la decadencia del sistema capitalista imperialista, donde el país más rico del mundo no solo no logra mitigar la miseria social sino que la profundiza día a día.
Sobre esta base material de decadencia económica y social de los trabajadores y sectores populares es que comienzan a estallar las luchas que describimos y muchas otras. El propio triunfo del alcalde Mamdani, autodenominado socialista democrático en la ciudad de Nueva York, pleno corazón del capitalismo imperialista, es una expresión distorsionada de ese mismo proceso.
Trump, a pesar de su discurso duro y provocador, no logró derrotar a los trabajadores y la resistencia aumenta.
Trump endurece la represión para combatir el ascenso
La política de persecución y represión a trabajadores inmigrantes en Estados Unidos ha sido permanente. Tanto bajo gobiernos republicanos como demócratas, las dos alas de la burguesía imperialista yanqui. El último gobierno de Biden, por ejemplo, superó las deportaciones del primer gobierno de Trump, demostrando que la política racista es una línea del conjunto de la burguesía imperialista.
Sin embargo en este segundo gobierno, Trump ha introducido un elemento nuevo. Apoyándose centralmente en el ICE, del cual multiplicó su financiamiento y duplicó su cantidad de agentes (de 10mil a 22mil), generalizó las redadas y endureció los métodos para la cacería de inmigrantes.

El ICE lleva asesinadas mas de 30 personas desde 2025 y funciona como el ariete que intimida y reprime mientras recorre los barrios sacando por la fuerza a las personas de sus casas, escuelas, universidades, lugares de trabajo, iglesias o tiendas. Muchos activistas han denominado al ICE como la “Gestapo migratoria”, en referencia a la policía secreta del nazismo que perseguía a los opositores. Esta policía militarizada es introducida incluso violando las leyes de los Estados.
Trump ya había aplicado algunos “adelantos” de esta política por ejemplo en 2019, cuando se detuvieron en una redada masiva a 680 trabajadores en Mississipi de diferentes plantas de Koch Foods (uno de los mayores productores de pollo en EEUU), donde el Sindicato de Trabajadores Comerciales y de Alimentos Unidos (UFCW), el sindicato del sector privado más grande de Mississipi, que denunciaba el ataque a trabajadores inmigrantes que están sindicalizados y reclamaban por la discriminación y las condiciones insalubres de trabajo.
Generalizando este método del terror, busca detener y expulsar activistas y luchadores, queriendo dar una lección al conjunto de los trabajadores para debilitar la poderosa lucha sindical y estudiantil.
El año pasado se detuvo a Mahmoud Khalil estudiante y dirigente que se transformó en un símbolo de las protestas pro-Palestina en la Universidad de Columbia, al igual que la activista Rumeysa Ozturk, quien participó de las protestas en Universidad de Tufts.
En setiembre del año pasado, casi 500 trabajadores fueron detenidos por el ICE en una fábrica de Hyundai en Georgia.
Nuestros compañeros de Worker’s Voice (sección estadounidense de la LITCI), relatan que en junio del año pasado: “Se llevó a cabo una importante operación contra los trabajadores de la confección en la fábrica de ropa Ambience Apparel. Cuando llegó el ICE, la comunidad salió con sus organizaciones, como la Unión de Inquilinos de Los Ángeles (LATU), SEIU y la Coalición de Autodefensa Comunitaria. Hubo un enfrentamiento durante un par de horas y el presidente de SEIU, David Huerta, fue brutalmente detenido” (1).
Los camaradas describen en otra nota que: “El 16 de diciembre, el comandante de ICE, Greg Bovino, ordenó a sus agentes acosar e interrogar a los trabajadores que participaban en el piquete de Mauser Packaging Solutions. Mauser emplea a más de 100 miembros, en su mayoría latinos, del sindicato Teamsters Local 705 en Chicago. Los trabajadores han estado en huelga desde el 9 de junio de 2025, después de que la empresa no les ofreciera un contrato justo (…) Entre los arrestos notables de ICE en 2025 se encuentran David Huerta (SEIU), Aunt Lewellyn (SEIU), Mahmoud Khalil (UAW), Rumesa Ozturk (UAW) y Kilmar Abrego García (SMART). Estos arrestos son de carácter amplio y se han dirigido contra trabajadores industriales, académicos y de servicios” (2).
El segundo gobierno de Trump llega decidido a enfrentar este ascenso mediante un endurecimiento de los métodos represivos y también intentando, cuando puede, evadir o burlar cualquier aspecto legal que pueda frenarlo y le represente un obstáculo en su misión de derrotar a la clase obrera.
Estos primeros intentos de profundizar los rasgos bonapartistas del gobierno lo han llevado a chocar en muchas ocasiones con el Congreso, la Justicia o las instituciones de otros Estados, a las cuales tampoco puede llevarse puestas a su antojo. Como dijimos estas redadas en lugares de trabajo y estudio tienen como fin barrer al activismo y debilitar la organización que se ha desarrollado durante estos años y que le resulta en un obstáculo amenazante para el imperialismo y sus planes de aumentar la explotación.
Pero esta política de represión y terror tuvo una gran primer respuesta por parte del movimiento de masas el año pasado.

“No Kings”: el movimiento de masas irrumpe contra Trump
Toda esta situación, todo este ascenso y luchas generalizadas terminaron desembocando, canalizándose y condensándose no en una, sino en dos movilizaciones populares más grandes en la historia de Estados Unidos: las impresionantes marchas denominadas “No Kings” (No Reyes), que recorrieron cada ciudad y rincón del país apuntando la furia popular directa y claramente contra Trump y su gobierno.
La primera de ellas fue el 14 de junio del año pasado apenas a cinco meses de su asunción. Allí se estima que participaron 5 millones de personas. En la segunda, cuatro meses después, el 18 de octubre, se estima que entre 6 y 7 millones de personas volvieron a salir a las calles. Tan impresionante fue que incluso las manifestaciones se replicaron en otras ciudades del mundo como Berlín, Madrid, Roma o Londres, donde miles protestaron frente a la embajada yanqui. Estas movilizaciones superaron en número incluso a la Marcha de las Mujeres del 2017 durante el primer gobierno de Trump.
Trump ya había desplegado la Guardia Nacional en diversos Estados y como es su costumbre, había amenazado a los manifestantes previamente en que la utilizaría contra las protestas. Sin embargo, la magnitud de las movilizaciones fue tan grande que debieron esconder a la Guardia. La BBC relata: “En Washington, D.C., donde la Guardia Nacional está desplegada desde agosto a petición de Trump, no se vieron tropas en la protesta, aunque sí policías locales” (3).
El No Kings fue la primera respuesta nacional de masas a la política racista y represiva de Trump, y dejaba en claro que por más que el multimillonario fuera muy suelto de lengua, para amenazar, las masas estaban dispuestas y se preparaban para enfrentarlo en las calles. Un segundo capítulo comenzamos a ver ahora en las protestas de Minneápolis y todo Estados Unidos contra el ICE.
Crece la organización por abajo y estalla Minneápolis
Las protestas contra el ICE que se seguían desarrollando en todo el país ahora pegaron un salto nuevamente ante el asesinato de Reneé Good. Los videos y la realidad que viven día a día en los barrios, lugares de trabajo, escuelas y secundarios, muestra como el ICE, agentes con caras cubiertas, actúa de forma muy violenta con total impunidad, deteniendo, reprimiendo y hasta asesinando, esa realidad hizo estallar nuevamente la furia.
En lugar de aterrorizarse, las masas están respondiendo y se organizan en cada rincón. Cada escuela y cada cuadra la han transformado en una fortaleza o campo de batalla donde los trabajadores discuten y coordinan acciones. Además de las protestas masivas de forma casi cotidiana, los vecinos se organizan para distribuir alimentos a quienes no pueden salir de sus casas para evitar que sean detenidos. Se utilizan silbatos, megáfonos y bocinas de los autos para advertir la presencia del ICE y en no pocas ocasiones las protestas han frustrado varias cacerías del ICE, demostrando que la organización es indispensable para enfrentarlos.

En ciudades como Los Ángeles, Chicago, Charlotte, Carolina del Norte, residentes protestaron contra la represión y comenzaron a coordinar patrullas callejeras. A su vez, en diversos Estados se desarrollan decenas de reuniones de capacitación donde los activistas discuten y se preparan para enfrentar los ataques.
Se formó desde el año pasado una Coalición de Autodefensa que incluye casi un centenar de organizaciones que coordinan acciones para ayudar en la lucha. Los manifestantes se organizan para ir a los hoteles donde se alojan los agentes (información que en muchas ocasiones la dan los trabajadores de los hoteles), y protestan con mucho ruido fuera para no dejarlos dormir.
En la misma nota de W.Voice citada más arriba se menciona: “Los profesores de las escuelas primarias y secundarias también se convirtieron en un componente importante del movimiento. En algunas escuelas, los profesores han establecido patrullas perimetrales que llevan a cabo todos los días. Algunas de estas escuelas ya están en contacto entre sí, para que si la migra aparece en una, se notifica a las demás y estas también pueden cerrar”.
En las protestas o en las redadas se observan a miles de activistas que le plantan cara al ICE, demostrando una notable disposición de lucha, arriesgando su libertad y hasta su vida frente a estos mercenarios y asesinos.
Son cientos de iniciativas y de hechos que se desarrollan producto de un genuino movimiento masivo que se organiza y surge desde abajo. Enfrentan al aparato represivo e incluso a los grupos ultraderechistas y supremacistas que pululan desde siempre en EEUU, pero que Trump les ha permitido mayor libertad para actuar.
Estos grupos, impedidos hasta ahora de obtener una base de masas, buscan ampararse bajo la sombra del ICE. Por ahora, lejos de poder acudir a la violencia física contra las movilizaciones, han tenido que limitarse a las actividades de propaganda, aunque tampoco en ese terreno tuvieron éxito. Un pequeño acto en apoyo al ICE organizado por el ultraderechista Jake Lang, recibió una primer lección por parte de los manifestantes: su acto fue desbaratado por la fuerza y el dirigente de la ultraderecha debió retirarse después de ser golpeado.
Así lo describe la prensa: “Un numeroso grupo de manifestantes acudió al centro de Minneapolis el sábado y confrontó a un conjunto mucho más pequeño de personas que se manifestaban en apoyo al ICE. Persiguieron a sus integrantes y obligaron al menos a uno de ellos a quitarse una camiseta que consideraron objetable. Jake Lang, quien organizó la manifestación a favor de la agencia, parecía estar herido al abandonar la escena, con moretones y rasguños en la cabeza” (4).
El ICE y Trump no son imparables. Así lo han demostrado las protestas que han evitado muchísimas detenciones y redadas. Ahora está convocada para el 23 de enero una huelga general en todo el Estado de Minnesota, lo que significa un gran paso adelante en esta pelea. Minneápolis se ha transformado en la vanguardia que, junto con la huelga de enfermeras de Nueva York y las protestas que se desarrollan en todo el país, pueden comenzar por dar un golpe a Trump y el ICE. Los revolucionarios nos jugamos de lleno a esta perspectiva.
Enfrentar y hacer retroceder aTrump y el ICE

Como plantean los compañeros de WV: “necesitamos llevar a la clase trabajadora al frente de la lucha. Necesitamos conectar al movimiento laboral con el movimiento por los derechos de los inmigrantes e involucrar a nuestros sindicatos en la defensa activa de las comunidades inmigrante” (5).
Por eso los sindicatos deben ponerse a la cabeza de la lucha colocando cada fábrica, cada lugar de trabajo y cada local sindical en una fortaleza donde se agrupe a los trabajadores norteamericanos y a los inmigrantes, los estudiantes, los desocupados, los vecinos del barrio y los comerciantes que repudian al ICE junto a todos los sectores que combaten la represión de Trump.
Los primeros pasos de esta política ya se dan de hecho, por ejemplo, en la formidable huelga de enfermeras de Nueva York citada más arriba, donde una de sus demandas es que el ICE no entre a las instalaciones, agregando a sus reclamos, la lucha contra la represión migratoria.
Desde allí es fundamental que se organicen piquetes y también la autodefensa frente a las tropas de choque del ICE, que está armada hasta los dientes. En este contexto, todo obrero y activista debe utilizar el derecho otorgado por la Segunda Enmienda que le permite el porte de armas para su defensa. Los sindicatos deben organizar y capacitar en su uso. Hay que unificar todas las patrullas callejeras, conformando un comando nacional con delegados electos en las bases de los sindicatos para coordinar de forma centralizada el combate contra el ICE y no dejar librada a su suerte a cada comunidad, cada patrulla o barrio por separado. La huelga del 23 de enero en Minnesota es una primera gran oportunidad para comenzar a trabajar esta perspectiva.
A su vez esta huelga debe ser el primer paso hacia una huelga general nacional, que unifique toda la ola de luchas sindicales por salario y contratos decentes con las luchas contra el ICE y contra la intervención imperialista en Venezuela y contra el genocidio en Palestina, uniendo en una sola gran pelea todas las demandas obreras y populares contra el gobierno de Trump.
Los explotados del resto del mundo debemos solidarizarnos de manera activa con esta lucha crucial. Al igual que las decenas de comunicados y las protestas que ocurrieron en repudio al imperialismo cuando atacó Venezuela, hay que dar el primer paso solidarizándose con la lucha de Minneápolis, con las enfermeras de Nueva York y todos los movimientos que en EEUU pelean contra Trump y el ICE. Un golpe a Trump es totalmente posible y será un gran paso adelante para la clase obrera y los oprimidos del mundo entero.
– Justicia por Reneé Good, juicio y castigo a los autores materiales e intelectuales, entre los cuales está Gregory Bovino, jefe del ICE.
– Retiro inmediato del ICE de los barrios y disolución de esta fuerza de elite represora.
– Libertad a todos los detenidos, frenar las deportaciones y cerrar las causas de persecución contra los trabajadores inmigrantes y luchadores.
– Plenos derechos para los trabajadores inmigrantes
– Por la plena vigencia de todas las libertades democráticas
– Abajo Trump y su política racista de hambre y represión
