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Nos escribe un trabajador de Canelones – Opinión
Hablar de lucha de clases implica reconocer que, en el mundo del trabajo, existen intereses diferentes y, en ocasiones, enfrentados entre quienes poseen los medios de producción y quienes dependen de su trabajo para vivir. Sin embargo, cuando el discurso de la lucha de clases se separa de la defensa concreta de los trabajadores, corre el riesgo de convertirse en una consigna vacía.
Un sindicato debería ser una herramienta de organización y defensa colectiva. Su función no consiste únicamente en negociar, sino también en representar los reclamos de quienes trabajan, especialmente cuando existen abusos, desigualdades o pérdida de derechos. Cuando una dirigencia sindical evita confrontar con la patronal incluso ante situaciones injustas, puede aparecer una contradicción entre el discurso y la práctica.
La llamada “cobardía sindical” puede entenderse, en este contexto, como la renuncia a ejercer presión cuando hacerlo resulta necesario. El temor a perder privilegios, acuerdos o espacios de poder puede llevar a determinadas dirigencias a priorizar la negociación permanente por encima de las reivindicaciones de sus propios representados. A esto se suma el poder del dinero. En sociedades donde los intereses económicos tienen una enorme capacidad de influencia, existe el riesgo de que las organizaciones destinadas a defender a los trabajadores terminen adaptándose a quienes poseen mayor poder económico. Cuando ocurre esto, la representación pierde fuerza y la confianza de los trabajadores se deteriora.
La verdadera discusión no debería ser entre negociación y confrontación, sino sobre para quién se utiliza la fuerza colectiva. Negociar puede ser una herramienta legítima y necesaria, pero una negociación efectiva requiere capacidad de organización y disposición para defender los intereses de quienes trabajan. De lo contrario, la “lucha de clases” puede quedar reducida a una expresión retórica mientras, en la práctica, se mantiene intacta la relación de poder que se pretendía cuestionar.
