Nuestra lucha contra la opresión de la mujer en un mundo capitalista

Escrito por Katia

La lucha que llevamos las mujeres desde hace siglos no escapa a la vista de nadie, más allá de que algunos quieren mantenerla invisible. A diferencia de otros grupos oprimidos, somos una gran cantidad de la población mundial. Gran parte de los trabajadores, explotados y con sueldos bajos pertenece a nuestro género. Desde hace mucho tiempo hemos gozado de pocos derechos, poca posibilidad de elección y trabajos de miseria. Los hombres también, pero aún así, la opresión que sufrimos nos deja en una desventaja notoria. La lucha continua, la opresión continua, pero algunas peleas han hecho visible los problemas y el avance contra la opresión a la mujer.

Ni una menos

Gran parte del problema se hizo visible con la campaña Ni Una Menos, que se realizó este año en varios países y de la cual también participamos desde IST. La cantidad de muertes en lo que va del año fue la causante de que cientos de hombres y mujeres nos movilizaramos en rechazo. Salimos a las calles, marchamos, nos manifestamos, y demostramos que no es algo nuevo en la sociedad, pero que es hora de frenarlo.

Las mujeres sufren de violencia doméstica, pero también de explotación laboral y sexual, así como discriminación. Y la realidad es que todo esto que está tan arraigado es funcional al sistema en que vivimos. Los capitalistas tienen una ventaja en la opresión a la mujer, que impide que se haga visible que también somos las que ganamos peores salarios, las que somos discriminadas y abusadas sexualmente y las que somos desplazadas por nuestra condición de madres. Esta es la razón por la que cuesta tanto terminar con el machismo. Para acabar con la opresión a la mujer, debemos por lo tanto terminar con el capitalismo.

La lucha junto a nuestros compañeros

Pero en esta lucha no debemos estar solas, sino que los hombres también deben levantar las banderas junto a nosotras cada vez que digamos Ni una menos. No es una pelea aislada, ni debemos enfrentarnos solas, sino que toda la clase trabajadora debe rechazar la opresión hacia la mujer.

Y esto no se queda allí, sino que los estudiantes también deben unirse a los trabajadores, tanto hombres como mujeres, para hacer frente a este problema. Los jóvenes sufrimos discriminación, y ni hablar si también somos mujeres. Desde la Universidad debemos demostrar que merecemos igual salario que nuestros compañeros varones, que necesitamos salas de lactancia, guarderías y posibilidad de continuar nuestra carrera y profesión.

Contra la violencia machista

Debemos felicitar la iniciativa de Ni Una Menos,  porque nos demostró que la lucha puede darse de forma internacional, y que no es un problema de un solo país. Las mujeres somos oprimidas mundialmente y las movilizaciones, por lo tanto, deben ser internacionales. Seas hombre o mujer, te invitamos a que sigas estos conflictos, que prestes tu voz para hacer visible la opresión. Dado que la lucha de la mujer debe darse junto a sus compañeros trabajadores, te invitamos también a organizarte en tu trabajo o en tu facultad, y sobre todo, desde un ámbito revolucionario como lo es nuestro partido, Izquierda Socialista de los Trabajadores.


El género nos une, la clase nos divide

Existe una contradicción de fondo en el problema de la opresión a la mujer, y es que no todas las mujeres somos iguales. Algunas pertenecen a la clase obrera, además de ser discriminadas en su condición de mujer sufren las explotaciones diarias en sus lugares de trabajo. Ganan sueldos de miseria y tienen patrones a los cuales no les importa la seguridad o el bienestar de sus empleadas. Por otro lado hay mujeres burguesas, quienes son oprimidas en su condición de mujer, pero ellas mismas son explotadoras.

Si bien el feminismo actual plantea una lucha igual entre todas las mujeres, debemos rescatar que no debe ser así. Las mujeres no somos todas iguales, porque hay mujeres trabajadoras y mujeres burguesas.Tenemos ejemplos claros de esto en la sociedad actual, como son Angela Merkel en Alemania y Cristina Kirchner en Argentina, entre algunos pocos de tantos. Hay mujeres burguesas también en las empresas más importantes del mundo, explotando a su mismo género y pagando sueldos ínfimos.

La contradicción yace en que todas somos mujeres, todas sufrimos de la discriminación en nuestro género, pero al mismo tiempo estamos separadas por nuestra condición de trabajadoras. Así es que “el género nos une, pero la clase nos divide”. Las mujeres trabajadoras somos las que debemos unirnos en contra de la explotación, y en contra de la burguesía.

No solo es una lucha para nosotras el plantarnos frente a la burguesía, sino el combatir el machismo dentro de nuestras propias organizaciones obreras, dentro de los sindicatos y de los gremios estudiantiles. Sobre todo porque son los ámbitos desde donde se debe dar la lucha de los trabajadores, y donde deben aprender que el machismo es solo un medio para el capitalismo. Las actitudes contra las mujeres pueden darse en las elecciones de cargo, en las asambleas o en las tareas diarias. Es importante erradicarlas, para que nosotros mismos seamos consecuentes con la causa.