Lenin y el apartidismo

Lenin y el apartidismo

Uno de los aspectos más cuestionados por el “aluvión oportunista”, que luego de la caída del Muro de Berlín arrasó a los partidos políticos que se reclamaban  “de izquierda”, es la cuestión del partido leninista.

Por Daniel Sugasti – LITCI | www.LITCI.org

En la medida en que el “socialismo real” había “fracasado”, y que la “democracia [burguesa]” adquiría un “valor universal”, la mayor parte de esos partidos aceleraron su curso oportunista de adaptación a la estrategia electoral y eminentemente parlamentaria. Evidentemente, si lo que el nuevo horizonte de “radicalizar la democracia” imponía era  la tarea de “conseguir votos”, para así obtener más y más curules parlamentarios, no solo no era necesario sino que llegaba a ser pernicioso el afán por construir partidos leninistas, es decir, obreros, revolucionarios, internacionalistas, de combate. Era suficiente construir partidos que funcionasen y se perfeccionasen como “máquinas electorales”, moviéndose siempre en el terreno de “lo posible”.

Este proceso de negación del marxismo y, más concretamente, del leninismo, tomó la vía de la adaptación a la democracia burguesa y adquirió diversas formas ideológicas. Una de ellas fue el viejo y conocido “apartidismo”.

Toda suerte de “nuevas teorías” y de “teóricos” posmodernos y horizontalistas, con argumentos más o menos “sofisticados”, se alistaron para reforzar la antigua cruzada contra la influencia de “los partidos” en el movimiento sindical y social, principalmente contra los del leninista.

Ser “militante” de un partido “leninista” se transformó en sinónimo de anacronismo, de “falta de comprensión” de los “nuevos tiempos” que se abrieron entre 1989-1991. En oposición, ser “apartidista” pasó a estar de moda. Recrudeció, así, el estigma contra el “militante de un partido”, contra las “banderas partidarias” en las manifestaciones y hasta contra la “simbología” [en verdad, contra las tradiciones] de los partidos obreros y socialistas.

Mucho se ha escrito sobre este tema. La intención de este texto no es, por lo tanto, presentar nada “nuevo” sino rescatar la posición de V. I. Lenin, fundador del bolchevismo, sobre el tema. En tal sentido, existe un texto de su autoría, posiblemente poco conocido, que data de diciembre de 1905 y se titula El partido socialista y el revolucionarismo sin partido[1]. En él, Lenin discute el carácter del apartidismo y explica cuál debe ser la actitud de los comunistas en relación con esta ideología y su tarea en las “organizaciones no partidarias” [de tipo sindical].

La revolución rusa de 1905, como era inevitable, planteó nuevos problemas y fenómenos políticos para los marxistas. Entre esos problemas estuvo el surgimiento de los soviets [consejos populares]: organismos de frente único que las masas explotadas crearon y fortalecieron al calor de la lucha revolucionaria; algo inédito. En los soviets actuaban abiertamente los partidos políticos, burgueses y obreros, reformistas y marxistas, aunque las decisiones eran siempre tomadas de manera autónoma, colectiva y democrática por las masas, pertenecieran o no estas a partidos políticos.

Los bolcheviques respetaban la autonomía de los soviets y sindicatos en general. Esta actitud, por otro lado, no podía significar ningún tipo de abstención política. De este problema derivó la necesidad de entender y posicionarse frente a la ideología “apartidista” que con el desarrollo de la lucha de clases comenzó tomar cuerpo.

Lenin, que por entonces defendía la fórmula programática de la “dictadura democrática del proletariado y el campesinado”, entendió el “apartidismo” como expresión inevitable del carácter democrático-burgués de la revolución rusa:

“El carácter bien delimitado de la revolución [democrático-burguesa] en desarrollo da origen de un modo completamente natural a organizaciones sin partido. Todo el movimiento en su conjunto adquiere de manera inevitable la impronta del apartidismo externo, una apariencia de apartidismo […]”[2]. 

Desde este punto de vista, explica los motivos del surgimiento de este “fenómeno”:

“El apartidismo no puede menos que pasar a ser una consigna de moda, pues la moda marcha impotente a la zaga de los acontecimientos y, como fenómeno “habitual” de la superficie política, aparece precisamente una organización sin partido, democracia sin partido; movimiento huelguístico sin partido, revolucionarismo sin partido”[3].

A partir de entender este carácter, Lenin dedica sus esfuerzos a combatir la idea apartidista como una ideología reaccionaria, y a explicar su funcionalidad con los intereses de la burguesía: “La burguesía no puede dejar de tender al apartidismo, [pues] la ausencia de partidos entre quienes luchan por la liberación de la sociedad burguesa implica la ausencia de una nueva lucha contra esa misma sociedad burguesa”[4].

De esta forma, Lenin argumentaba contra quienes afirmaban que el apartidismo, por tratarse de una posición aparentemente “neutral”, expresaba de manera más fiel los “intereses del movimiento” contra aquellos que, de manera mezquina, defendían los “intereses” de “sus” partidos. El revolucionario ruso desvela la falsedad de esta afirmación:

“En una sociedad basada en la división en clases, la lucha entre las clases hostiles se convierte indefectiblemente, en determinada etapa de su desarrollo, en lucha política. La lucha entre los partidos es la expresión más íntegra, completa y específica de la lucha política entre las clases. El apartidismo significa indiferencia ante la lucha de los partidos. Pero esa indiferencia no es equivalente a la neutralidad, a la abstención en la lucha, pues en la lucha de clases no puede haber neutrales […] Por eso, permanecer indiferente ante la lucha no significa, en realidad, apartarse o abstenerse de la lucha ni ser neutral. La indiferencia es el apoyo tácito al fuerte, al que domina”[5].

De inmediato se refiere a las condiciones materiales de las que surgen este tipo de teorías y “teóricos”:

“La indiferencia política no es otra cosa que saciedad política. El que está satisfecho es “indiferente” e “insensible” ante el problema del pan de cada día; pero el hambriento será siempre un hombre “de partido” ante esta cuestión. La “indiferencia y la insensibilidad” de una persona ante el problema del pan de cada día no significa que no necesite pan, sino que lo tiene siempre asegurado, que carece de él nunca, que se ha acomodado bien en el “partido” de los saciados”[6].

Por lo tanto, quienes denostaban contra los partidos revolucionarios eran, en primer lugar, “[…] liberales, representantes de los puntos de vista de la burguesía, [que] aborrecen el espíritu socialista de partido y no quieren oír hablar de lucha de clases”[7].

Esto es así porque, para Lenin, “en la sociedad burguesa, el apartidismo es la forma hipócrita, disimulada, pasiva, de expresar adhesión al partido de los saciados, de los que dominan, de los explotadores”[8].

Y más: “El apartidismo es una idea burguesa. El espíritu de partido es una idea socialista. Esta tesis es aplicable, en general, a toda sociedad burguesa”[9].

Lenin, a partir de este razonamiento, extrae la conclusión de que:

“El partidismo riguroso es secuela y resultado de una lucha de clases muy desarrollada. Y, al contrario, en beneficio de una amplia y abierta lucha de clases, es necesario fomentar un riguroso partidismo. Por eso el partido del proletariado consciente, la socialdemocracia, combate siempre con toda razón el apartidismo, y se esfuerza invariablemente por crear un partido obrero socialista fiel a los principios y bien cohesionado”[10]. 

Y refuerza la idea de que la intervención de los revolucionarios en los sindicatos y otras organizaciones “sin partido” es provechosa, en primer lugar, para la propia lucha de clases, pues, “[…] el riguroso partidismo es una de las condiciones que transforman la lucha de clases en una lucha consciente, clara, precisa y fiel a los principios”[11].

Encuadrándose en esta concepción, la tarea de los militantes dentro de las organizaciones no partidarias es “en primer término, aprovechar toda posibilidad de establecer nuestros propios contactos y de difundir nuestro programa socialista íntegro”[12].

Evidentemente, la condición de esta participación es:

“La salvaguardia de la independencia ideológica y política del partido del proletariado es la obligación constante, invariable e incondicional de los socialistas. Quien no cumple con esta obligación, deja en los hechos de ser socialista, por muy sinceras que sean sus convicciones “socialistas” (socialistas de palabra)”[13].

Al mismo tiempo, la inserción sindical de los comunistas “solo es admisible a condición de resguardar por completo la independencia del partido obrero y a condición de que todo el partido en su conjunto controle y dirija obligatoriamente a sus miembros y grupos “delegados” en las asociaciones o los soviets sin partido”[14].

La lucha contra la idea burguesa del “apartidismo” es una característica del leninismo. Tiene que ver con la defensa de la construcción del partido revolucionario, obrero y centralista democrático, herramienta indispensable para la toma del poder por la clase obrera y sus aliados, y para la construcción del socialismo internacional. Para Lenin, solo en el partido comunista es posible realizar la síntesis de todas las formas de lucha del proletariado (económica, ideológica, política) y pelear así por la toma del poder.

“Solo el partido comunista, si es realmente la vanguardia de la clase revolucionaria; si abarca a los mejores representantes de dicha clase; si se compone de comunistas conscientes y fieles que han sido educados y templados por la experiencia de una lucha revolucionaria tenaz; si este partido ha logrado vincularse indisolublemente a toda la vida de su clase y, por medio de ella, a todas las masas de explotados, y ganar completamente la confianza de clase de estas masas; solo tal partido es capaz de dirigir al proletariado en la lucha más implacable, decisiva y final contra todas las fuerzas del capitalismo”[15].

Estas enseñanzas de Lenin nos parecen fundamentales para guiar nuestras acciones en la actualidad. Su vigencia es tal vez mayor que cuando fueron escritas. El trotskismo, legítimo continuador del marxismo-leninismo en nuestros días, detenta el mérito de haber mantenido vivas estas lecciones y tradiciones sobre el partido revolucionario en general, y sobre la relación partido comunista-movimiento de masas, en particular. Es por ello que nos permitimos terminar estas notas con las palabras que Trotsky escribió sobre el tema en 1923:

“Los comunistas no le temen a la palabra partido, porque su partido no tiene ni tendrá nada en común con los otros partidos. Su partido no es uno de los partidos políticos del sistema burgués, es la minoría activa y con conciencia de clase del proletariado, su vanguardia revolucionaria. Por lo tanto los comunistas no tienen ninguna razón, ni ideológica ni organizativa, para esconderse tras los sindicatos. No los utilizan para maquinaciones de trastienda. No los rompen cuando están en minoría. No perturban de ningún modo el desarrollo independiente de los sindicatos y apoyan sus luchas con todas sus fuerzas. Pero al mismo tiempo el Partido Comunista se reserva el derecho a expresar sus opiniones sobre todos los problemas del movimiento obrero, incluso sobre los sindicales, de criticar las tácticas de los sindicatos y de hacerles propuestas concretas que aquellos, por su parte, son libres de aceptar o rechazar. El partido se esfuerza con la acción práctica en ganar la confianza de la clase obrera y, sobre todo, del sector organizado en los sindicatos”[16].

Notas:

[1] LENIN, V.I. El partido socialista y el revolucionarismo sin partido. In: LENIN, V.I. Obras completas. Tomo XII. Moscú: Editorial Progreso, 1982, pp. 135-143. Todos los subrayados, salvo indicación contraria, son nuestros.

[2] Ídem, p. 138.

[3] Ibídem.

[4] Ídem, p. 139.

[5] Ibídem.

[6] Ídem, p. 140.

[7] Ibídem.

[8] Ibídem.

[9] Ibídem.

[10] Ídem, p. 135.

[11] Ídem, p.142.

[12] Ídem, p. 143.

[13] Ídem, p. 142. Subrayado de Lenin.

[14] Ibídem.

[15] LENIN, V. I. Tesis para el II Congreso de la Internacional Comunista.

[16] TROTSKY, León. Una explicación necesaria a los sindicalistas comunistas. Disponible en:  http://www.ceip.org.ar/Una-explicacion-necesaria-a-los-sindicalistas-comunistas>. Consultado el 18-08-2016.

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