GRECIA: Un debate estratégico en la izquierda

 Escrito por LITCI – www.LITCI.org

La asunción de Syriza y el acuerdo hecho por el gobierno Tsipras con la Unión Europea desataron una polémica estratégica en la izquierda a nivel mundial. Se trata de una actualización del viejo debate entre reformistas y revolucionarios, en pleno siglo XXI.

De nuestra parte, esta discusión ya estaba presente incluso antes de la  asunción de Syriza y se expresó en el artículo “Sobre un posible gobierno Syriza” (2014). Ahora, después del acuerdo Unión Europea-gobierno Tsipras, la polémica se reabre con la enorme ventaja de la práctica política como criterio de verdad.

Las conclusiones sobre el gobierno de Syriza sirven no sólo para a Grecia sino también para otros países con partidos reformistas semejantes a Syriza como Podemos en España, el Bloco de Esquerda en Portugal, el NPA en Francia o el PSOL en Brasil.

Una parte interesante de esta discusión está expresada en el excelente debate entre Stathis Kouvelakis (Plataforma de Izquierda de Syriza) y Alex Callinicus [dirigente del SWP de Gran Bretaña], que incorporamos a esta serie de artículos en nuestro site. Incorporamos también los artículos anteriores “Si Syriza vence las elecciones, qué sucede con la cuestión del poder?”(Pedro Fuentes del MÊS brasileño, 2014) y “Sobre un posible gobierno Syriza” (Eduardo de Almeida, 2014), y la última de Pedros Fuentes “Notas sobre el memorándum impuesto por la troika y la situación de Syriza”. En base a estos artículos, vamos al debate  con Kouvelakis y Pedro Fuentes.

I- Un acuerdo fundamental

Comencemos por un punto de acuerdo fundamental con Kouvelakis. Él hace una evaluación absolutamente correcta del error estratégico del gobierno Syriza:

“Creo que lo que pasa en Grecia es el fracaso de una estrategia política, y cuando decimos que una estrategia política fracasa por completo, significa que al final de la historia nos encontramos solamente con opciones malas o desastrosas… Esta estrategia se apoyaba en dos pilares. Por un lado, se basaba en una disociación de la cuestión de la deuda y la cuestión de la austeridad.  No es necesario decir que, como muchos sectores de la izquierda radical de dentro y fuera de Syriza advirtieron, esta estrategia se ha probado completamente irrealista e inviable.

En lo que refiere a la deuda, estaba claro que los acreedores no aceptarían ninguna discusión, ni siquiera una mención, de la palabra ‘cancelación’. A lo sumo discutirían la reestructuración que no implica ninguna solución real, ya que sólo alivia la carga de la deuda. En lo que refiere a la puesta en pie de las medidas anti-austeridad del programa de Tesalónica, lo que supuestamente debía darse en cualquier caso, se probó completamente ilusorio…  Los sectores dominantes reaccionaron de forma inmediata y brutal, de la forma más violenta que tenían a mano, utilizando el arma del dinero, la liquidez de la moneda.

Esta ideología que actualmente es compartida por la mayoría de las fuerzas de la izquierda radical europea (si me lo permiten, la ‘izquierda europeísta’) está en la raíz del problema. Y la derrota que estamos sufriendo en Grecia tiene que ver con el fracaso de esta estrategia”. (Debate Kouvalakis-Callinicos – ¿Hacia dónde va Grecia?)

En otro artículo, Kouvelakis agrega: “Así que para esta gente la elección es entre dos cosas: o ser un ‘europeo’ y aceptar el marco existente, que de alguna manera representa objetivamente un paso adelante comparado con la vieja realidad de las naciones-estado, o ser un ‘anti-europeo’ que es igual a volver al nacionalismo, una movida reaccionaria y regresiva. Esta es una manera muy débil en la que se legitima la Unión Europea: ‘Puede no ser ideal, pero es mejor que cualquier otra cosa opción sobre la mesa’.

Pienso que en este caso podemos ver claramente cuál es la ideología que se pone en juego. A pesar de que no estés en el proyecto y de que tengas dudas serias acerca de la orientación neoliberal y la estructura jerárquica de las instituciones europeas, de todas maneras te atas a estas coordenadas y no puedes imaginar nada mejor afuera de este marco.

Creo que esto dice mucho sobre la izquierda hoy. La izquierda está llena de gente que tiene buenas intenciones, pero que son totalmente impotentes en el terreno de la política real. Pero también dice mucho sobre el tipo de devastación mental que causa cualquier tipo de creencia religiosa en el europeísmo. Esto significa que, hasta el final, esa gente creyó que podría obtener algo de la troika, pensaron que entre ‘socios’ podrían tener algún tipo de compromiso, que compartían algún núcleo de valores como el respeto y el mandato democrático, o la posibilidad de una discusión racional basada en argumentos económicos.” ( “Grecia: la lucha continúa”,  Sebastian Budgen y Stathis Kouvelakis, 15 julio 2015)

Citamos extensamente a Kouvelakis por tratarse de una discusión estratégica, una de las más importantes conclusiones del episodio griego. Él afirma dos conclusiones categóricas con las cuales concordamos completamente.

La primera es que no se puede pensar en planes económicos por dentro de la zona euro sin que sean planes de austeridad. Dicho de otra forma, no se puede aceptar ser parte de la Unión Europea, y la consecuente sumisión al imperialismo alemán y francés, y soñar que estos gobiernos acepten otro tipo de plan que no sea de austeridad. Estos planes garantizan los lucros de los bancos imperialistas y no pueden ser cuestionados a no ser con una ruptura con el propio imperialismo y la Unión Europea.

La segunda conclusión es que la ideología de adaptación a la Unión Europea de toda la “izquierda europeísta” está en la raíz de esta estrategia fracasada. Esta visión de que la Unión Europea es “progresiva” y que puede ser “reformada” en sus aspectos negativos choca abiertamente con la realidad. La Unión Europea surge de un tratado que impone a los otros países europeos la dominación del imperialismo alemán y francés.

No existe manera de reformar la Unión Europea, así como no existe manera de reformar el estado burgués. Es preciso destruir la dominación imperialista rompiendo con la Unión Europea y la zona euro. Esto no tiene nada que ver con un nacionalismo retrógrado sino con la necesaria lucha antiimperialista. Dejar esta bandera en las manos de la ultraderecha tiene como consecuencia preparar nuevos desastres.

La “tragedia griega” da colores vivos a la importancia de este debate con el conjunto de la izquierda europea. Según Kouvelakis, esta estrategia fracasó completamente. Tenemos pleno acuerdo. 

Él podría agregar que, además de la falta de una estrategia antiimperialista, também faltó una postura directamente anticapitalista en Grecia al gobierno Tsipras. Por ejemplo, fue un error no avanzar hacia la expropriação de sectores empresariales como los bancos.

Pero analicemos el acuerdo que tenemos com Kouvelakis, que es mucho más importante. Kouvelakis, sin embargo, no saca las conclusiones evidentes de esta afirmación para el resto de Europa. Esto significa negar la plataforma electoral de Podemos que promete mejorar la situación del pueblo español sin romper con el euro, exactamente como Syriza. Todo el ascenso electoral de Podemos estuvo muy vinculado a las expectativas generadas por Syriza en Grecia. Ahora es hora de afirmar: no se puede repetir en España los mismos errores estratégicos de Syriza. Esto significa tener realmente un plan anticapitalista en España, de ruptura con el euro y para no pagar la deuda a los bancos imperialistas. Basta aplicar esta misma conclusión a la realidad portuguesa para cuestionar los planes del Bloco de Izquierda, casi una réplica de los de Syriza.

Se analizamos la situación actual del imperialismo, llegaremos fácilmente a la conclusión de que la reproducción de los mismos planes neoliberales en todo el mundo no hace nada más que expresar en todos os países la sumisión al capital financiero internacional. Esto impone los mismos límites a los proyectos reformistas en todo el mundo.

El PSOL en Brasil apunta a la misma estrategia de Syriza. Luciana Genro (de la misma corriente interna del PSOL que Pedro Fuentes [el MES]), candidata a la presidencia por este partido en las elecciones pasadas, presentó explícitamente hace dos meses, en un debate con José Maria de Almeida (PSTU), en el II Congreso de la CSP Conlutas, la necesidad de repetir en Brasil la experiencia de Syriza en Grecia.  

Tal vez Kouvelakis no se haya dado cuenta de la gravedad de su conclusión: la experiencia griega demuestra que la estrategia fundamental de los nuevos partidos reformistas se reveló fracasada.  La  plataforma electoral básica de estos partidos incluye planes de crecimiento y redistribución de renta sin dejar de pagar las deudas públicas y sin romper con la dominación imperialista. Muchas veces, ni siquiera cuentan con un período de crecimiento económico como el que tuvo el PT em Brasil. Sólo es la gestión directa de la crisis capitalista. Se trata de un plan tan ilusorio como el de Syriza en Grecia, un reformismo sin reformas.

II- ¿Qué tipo de “acuerdo” fue hecho?

Tenemos otro acuerdo fundamental con Kouvelakis: el “acuerdo” impuesto fue el más duro aceptado en Grecia, generando el peor plan de austeridad aplicado en este país.

“El acuerdo es, en todos los niveles, una continuación completa de la ‘terapia de choque’ aplicada consistentemente a Grecia a lo largo de los últimos cinco años. Va incluso más lejos que todo lo que haya votado hasta ahora.

Incluye un paquete de austeridad que estaba siendo presentado por la Troika desde hace meses, con grandes superávits primarios, incrementando el ingreso del IVA y los impuestos excepcionales que han sido creados en estos últimos años, más recortes en las pensiones y en los salarios del sector público, dado que la reforma de la escala salarial implicará recortes en los salarios.

También hay cambios institucionales importantes, con los ingresos de Hacienda volviéndose completamente autónomos del control político doméstico, de hecho se convierte en una herramienta en manos de la Troika, y la creación de otra junta ‘independiente’ monitoreando la política fiscal, habilitada para introducir automáticamente recortes horizontales si los objetivos en términos de superávit primario no se alcanzan.

Lo que se agregó, y que le da un sabor particularmente feroz a este acuerdo, es lo siguiente: primero confirma enfáticamente que el FMI está ahí para quedarse; segundo, las instituciones de la Troika estarán permanentemente presentes en Atenas. Tercero, se impide que Syriza implemente dos de sus más grandes objetivos, como restablecer la legislación laboral (hay algunas referencias vagas para una mejor práctica europea, pero fue explícito el hecho de que el gobierno no puede volver a la legislación pasada) y, por supuesto, esto es cierto también en relación al salario mínimo.

El programa de privatizaciones sube a un nivel increíble (estamos hablando de cerca de 50.000 millones de privatización) así que absolutamente todos los bienes públicos serán vendidos. No sólo eso, sino que serán transferidos a una institución completamente independiente de Grecia. Se habló de que una parte estaría en Luxemburgo (actualmente tendrá su base en Atenas) pero será completamente despojada de cualquier forma de control político. Esto es típico del proceso Treuhan que privatizó todos los bienes públicos en Alemania del Este.” ( Grecia: la lucha continúa,  Sebastian Budgen y Stathis Kouvelakis, 15 jul 2015)

Es decir, el plan incluye recortes en los ingresos de los trabajadores (en particular por el aumento de impuestos), ataques a las jubilaciones (la edad  pasa de 62 a 67 años), privatiza prácticamente todo lo que quedaba de empresas estatales (inclusive el puerto de Pireus), y entrega las estadísticas y el control del déficit público a manos de la Troika.

III- ¿Hubo o no una traición en Grecia?

Teniendo en cuenta estos dos acuerdos fundamentales con Kouvelakis, pasemos a las polémicas.

En el material citado, Kouvelakis niega que  haya habido ‘traición’ en Grecia: “De todas formas, la noción de ‘traición’ significa usualmente que en algún momento se toma una decisión consciente de renegar de tus propios compromisos. Lo que pienso que realmente sucedió es que Tsipras honestamente pensó que podría salir airoso llevando adelante un abordaje centrado en las negociaciones y la buena voluntad, y por esto constantemente dice que no tuvo otro plan alternativo.”

Pedro Fuentes apoya de forma irrestricta esta posición, citando inclusive al propio Kouvelakis: En este mismo artículo Kouvelakis dice que por esa continuidad en la línea de negociación de Tsipras  piensa que la palabra ‘traición’ es inapropiada.” (Notas sobre el memorándum impuesto por la troika y la situación de Syriza). Nosotros, al contrario, afirmamos que sí hubo   una traición en Grecia. Una traición de esas que será recordada por muchos anos.

No tenemos ningún acuerdo con las sectas que viven acusando permanentemente a todos de “traición”. La vulgarización de este termo anula la jerarquía de las verdaderas traiciones. Se trata del mismo error que los que acusan de “fascistas” a todo gobierno autoritario, dejando de lado la caracterización precisa del fascismo como proceso político y social que utiliza  métodos de guerra civil contra la clase obrera y la movilización de la pequeño burguesía empobrecida como base social.

Podemos hablar de ‘traiciones’, con criterio marxista, cuando un partido o movimiento apoyado por la clase obrera se alía con la burguesía y ataca duramente a los trabajadores dejando de lado compromisos explícitos anteriores, con efectos duraderos y severos.  Estamos hablando de episodios históricos, como el apoyo de la socialdemocracia europea a sus burguesías en la Primera Guerra Mundial, la burocratización del estado obrero ruso por la burocracia estalinista, la adhesión del POUM español al Frente Popular en 1936 y otros episodios del mismo calibre.

Dicho esto, lo que hubo en Grecia sí fue una traición. El gobierno Syriza fue electo en base a una plataforma contraria a los planes de austeridad. Presionado por los gobiernos imperialistas, convocó un referendo que dijo NO al plan propuesto por la Unión Europea. Poco después aceptó un plan de austeridad aún peor que el que había sido rechazado por las masas griegas en las elecciones y en el referendo.

Se trata de una acción objetiva absolutamente contraria y opuesta a lo que fue prometido y a la voluntad de las masas griegas.  Kouvelakis y Pedro Fuentes, para escapar a esta constatación obvia, apela a una definición subjetiva  de traición: “una decisión consciente de renegar de tus propios compromisos”. Kovelakis dice que Tsipras “honestamente pensó que podría salir airoso llevando adelante un abordaje centrado en las negociaciones y la buena voluntad”. Entonces, según ellos, no hubo traición porque Tsipras no quería traicionar. Con esta perspectiva subjetiva, se pasa a un  error opuesto al de las sectas que ven “traiciones” en todo. De acuerdo con Kouvelakis y Pedro Fuentes no existe ninguna traición, si el que traiciona no quería conscientemente traicionar.

Con este tipo de abordaje, se deja de lado cualquier evaluación no sólo marxista, de clase, sino también cualquier análisis objetivo, pasando a juzgarse las intenciones subjetivas. Pasamos del terreno da lucha de clases para una improvisación empírica y superficial de la psicología.

¿Stalin tenía desde su pasado bolchevique en la revolución rusa de 1917 la intención de comandar la contrarrevolución burocrática? ¿Los dirigentes de la socialdemocracia alemana, cuando aún  eran la referencia para toda la izquierda revolucionaria a inicios del siglo XX, tenían ya la intención de apoyar la carnicería de la Primera Guerra Mundial? 

Si el plano de austeridad acordado entre el gobierno griego y la Unión Europea no es una traición, será difícil definir entonces que lo sería.

No es correcta tampoco la postura de una parte de los apoyadores de Syriza que ignoran la responsabilidad del gobierno Tsipras con el argumento de que “no tenía alternativa”. ¿Cómo que no tenía alternativa? Esa era el mismo argumento de  los gobiernos anteriores de derecha para aceptar los planos de austeridad.

En el mismo sentido de disculpar al gobierno Tsipras va la postura de las direcciones de Podemos, Bloco de Esquerda y PSOL  de decir que “ el principal enemigo de Grecia es “el autoritarismo del governo alemán”. En realidad, el gobierno Tsipras es el principal punto de apoyo para la implementación del plan de austeridad del imperialismo.  

IV- ¿Syriza es o no un partido reformista?

Según Kouvelakis y Pedro Fuentes, esto no es verdad. Kouvelakis dice: “…veo al reformismo como una clase de proyecto político coherente que busca  mejorar las condiciones de la clase trabajadora, y obtener logros materiales para dicha clase en los límites del sistema capitalista. Es un tipo de compromiso con el capitalismo que es parcialmente, pero concretamente, favorable a la clase trabajadora. Es un proyecto que funcionó durante décadas en Europa y en muchos otros lugares. Claro está, con sus propias limitaciones estructurales: no poder ir más allá del capitalismo. Se trata del reformismo histórico. Syriza no tiene el mismo tipo de cohesión. Puede gustarles o no, pero la identidad de Syriza es anticapitalista. Es un partido que busca destruir al capitalismo mediante la transición al socialismo, definiendo socialismo como la socialización de los medios de producción.” (Grecia:la lucha continúa,  Sebastian Budgen y Stathis Kouvelakis, 15 jul 2015).

Para contestar la caracterización de Syriza como reformista, Kouvelakis argumenta que el PASOK (socialdemócrata e reconocidamente reformista) hizo reformas reales, que fueran reivindicadas por el pueblo griego. Y que  Syriza no sería esto, y sí “un partido anticapitalista”.

No acordamos con Kouvelakis al caracterizar el reformismo de la socialdemocracia en el pasado como progresivo. El reformismo utilizó todas las conquistas parciales de los trabajadores para desviar los procesos revolucionarios. Después, , en las décadas del 80 y 90 del siglo pasado, fue el agente directo desde los gobiernos en la implementación de los planes neoliberales que retiraron estos mismos derechos. El reformismo fue y continúa siendo un pilar de la dominación burguesa entre los trabajadores.  Mientras tanto, esta no es la mayor diferencia que tenemos con Kouvelakis en este terreno. La más importante es que no caracteriza Syriza como reformista.

Es verdad que entre Syriza y el viejo reformismo de la socialdemocracia y del estalinismo existen enormes diferencias. Comenzando por el hecho de que el viejo reformismo tenía lazos orgánicos con el movimiento obrero (sindicales e políticos) mucho más sólidos que Syriza. Tantos los partidos socialdemócratas como los estalinistas europeos dirigían centrales sindicales de peso, y tenían bases políticas y electorales sólidas de decenas de años entre el proletariado. Para llegar a estas raíces, hubo momentos en que estos partidos conquistaron reformas para los trabajadores apoyados en situaciones como la de la pos segunda guerra mundial (el llamado estado de bienestar social).

En cambio, Syriza y Podemos (y en un nivel mucho menor el Bloco de Esquerda, el NPA y el PSOL en Brasil) son fenómenos electorales, con una implantación sindical y política mucho más frágil entre los trabajadores. Además de esto, tienen que enfrentar un momento diferente del capitalismo con crisis económicas que no dan espacio para reformas ni para concesiones a los trabajadores.

Estas diferencias vuelven más frágiles a estos nuevos partidos reformistas. El tiempo de experiencia de las masas con ellos es mucho menor que con el viejo reformismo. Pero no cambia el carácter reformista de estos nuevos partidos. Sus plataformas electorales son reformistas, como hacer planes económicos que no sean de “austeridad”, sin romper con el imperialismo.

Estos nuevos partidos reformistas también tuvieron una evolución a lo largo del tiempo. Cuando surgieron sus primeras versiones, como Refundación Comunista en Italia, el NPA (Nuevo Partido Anticapitalista) en Francia y el Bloco de Esquerda en Portugal se denominaban a sí mismos como “anticapitalistas”. En aquel momento, Esto ya era una expresión de un giro a la derecha, en la medida en que buena parte de estas organizaciones tenían orígenes trotskistas (en particular del llamado Secretariado Unificado de la IV Internacional). Pero después de los primeros fracasos de estas experiencias, los partidos reformistas surgidos posteriormente (como Syriza y Podemos) ya no se caracterizan a sí mismo ni siquiera como “anticapitalistas”.

Afirmar que Syriza es “anticapitalista” es casi una calumnia contra Tsipras que, en todo momento evitó con claridad confundirse con ningún proyecto antiimperialista y anticapitalista.  El nombre “Syriza” (que en griego quiere decir “izquierda radical”) es tan ilusorio como el “socialista” en la socialdemocracia o el “comunista” de los estalinistas.

V- ¿Qué balance hacer?

El ala izquierda de Syriza (de la cual Kouvelakis es una de las principales expresiones) integró el gobierno Tsipras. Pedro Fuentes, antes de que asumiera este gobierno, defendió la posibilidad de participación en este tipo de gobierno.

Y ahora, ¿qué balance hacen de esto? Según Pedro Fuentes, el apoyo al gobierno Syriza fue absolutamente correcto:

“Esto no significa creer que estuvimos equivocados en nuestra política de apoyo a Syriza. Por el contrario, tenemos orgullo de ella. Los grupos de ultraizquierda que, desde ahora y por bastante tiempo, van a repetir con cierta alegría ‘vieron, tuvimos razón’, y a continuación dicen que Syriza ‘no es revolucionaria como somos nosotros’, llámense como se llamen, no tienen ninguna razón y ningún futuro como lo dice en su última y excelente nota Statis Kovelaskys. Sin Syriza en el gobierno no había ninguna disputa, no había ninguna chance, esa era la ‘única’ y sigue siendo la apuesta posible, porque expresaba el nivel de conciencia y el grado de organización de las masas en este período histórico.”

Kouvelakis y Pedro Fuentes reafirman que tuvieron razón sobre esto.  El argumento fundamental, según Pedro, es que “esa era la única” (y lo sigue siendo) “apuesta posible”, porque expresaba “el nivel de conciencia y el grado de organización de las masas en este período histórico.”.

Es decir, lo que justifica este apoyo y participación en este gobierno es que tenía apoyo popular. Nada de nuevo. Este es el argumento de todas las corrientes que se adaptaron a los gobiernos burgueses dirigidos por partidos reformistas (como el del PT en Brasil) o nacionalistas burgueses (como el de Chávez enVenezuela).

Nosotros partimos de una evaluación marxista, de clase. No es casual que ni Kouvelakis ni Pedro hablen sobre el carácter de clase del gobierno Tsipras.Sin embargo, el marxismo (la “teoría” tan negada por estas corrientes) comienza su evaluación de la realidad exactamente por la evaluación de las clases sociales.

Dijimos en la polémica anterior con Pedro que un posible gobierno Syriza no podría ser interpretado como “la izquierda anticapitalista en el poder”. Llegar al gobierno con un partido reformista a través de elecciones y tomar el poder son cosas muy diferentes. El estado burgués con sus instituciones fundamentales (incluyendo las fuerzas armadas) estaría preservado [en el primer caso]. Un gobierno dirigido por un partido reformista, con el mantenimiento del estado burgués es un gobierno burgués.

Por lo tanto, la discusión era sobre la participación o no en un gobierno burgués. Pedro Fuentes intentó justificar su postura diciendo que un posible gobierno Syriza se encuadraría “como un gobierno anti-austeridad” en los criterios de los “gobiernos obreros” definido por la III Internacional y en los cuales se podría integrar.

Hoy, basta rever el artículo de Pedro para comprobar la distancia entre sus previsiones y la realidad del gobierno Syriza. En realidad, él hace un malabarismo teórico (muy común en esta corriente) para intentar justificar lo injustificable: ser parte de un gobierno burgués. Kouvelakis se rehúsa a entrar en esta discusión, diciendo cosas como “Creo que incluso si en esta situación están en juego temas teóricos mucho más generales, deberíamos empezar con el análisis concreto de la situación concreta.”

Pedro Fuentes y su corriente (el MES) cometieron este mismo error diversas veces. Por ejemplo, apoyaron al gobierno de Chávez en Venezuela y llegaron incluso a concordar con su llamado a la construcción de una “V Internacional”: “…Chávez planteó una propuesta que, a nuestro modo de ver, es progresiva ante el vacío internacional existente; un avance que puede transformarse en un salto para crear una nueva alternativa a la situación actual que vivimos de profunda crisis capitalista, para dar una respuesta a la política imperialista. La respuesta del PSOL a este llamado, como la de todos aquellos que se reclaman antiimperialistas y socialistas, como ya hicieron otras fuerzas socialistas como el NPA de Francia, tiene que ser afirmativa y decir  ‘presentes’; estamos y estaremos ahí porque queremos participar en la construcción de este proceso que está apenas comenzando y que tiene como próxima fecha marcada la reunión de final de abril en Caracas”(“El llamado de Chávez a formar una V Internacional y la actual situación mundial”,Diciembre de 2009).

 

Leyendo estas afirmaciones y la situación actual del gobierno Maduro puede sentirse una distancia tan abismal como entre la definición de Pedro sobre un futuro gobierno Syriza (gobierno obrero de acuerdo a los criterios de la III Internacional) y la realidad del acuerdo Tsipras-Unión Europea.

De nuestra parte, no se trata de una postura sectaria o dogmática. Sólo de la reafirmación del marxismo como instrumento científico de interpretación de la realidad por estar apoyado en la evaluación de las clases sociales en lucha. Caracterizamos al actual gobierno griego como burgués porque no se pode definir o carácter de clase de un gobierno por el origen de clase de su gobernante. No se podía caracterizar el gobierno Lula en Brasil como “obrero” por el origen social de Lula. Lo fundamental es caracterizar el gobierno por el clase social a la que va a responder.

El gobierno burgués de Tsipras terminó adecuándose a la imposición  del imperialismo alemán  porque, como gobierno burgués, no se dispone a romper con el capitalismo. Por esto, se adecuó a la realidad actual del imperialismo.

 

Una demonstración más de que el gobierno Syriza se integró a la dominación imperialista fue el reciente  acuerdo militar (26/7) firmado entre Grecia e Israel que asegura ejercicios militares conjuntos entre sus fuerzas armadas y protección legal a los militares de ambos países. Israel sólo tiene un acuerdo similar con su gran socio, el imperialismo estadounidense. Con el gobierno Syriza, Grecia no sólo sigue siendo parte de la Unión Europea y aplica un plan de austeridad, sino que continúa en la OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte, la alianza militar imperialista, encabezada por el imperialismo estadounidense) y firma un acuerdo directo con el gobierno fascista de Israel.

El ala izquierda de Syriza participó de un gobierno burgués, que no fue siquiera un gobierno “anti-austeridad” como intentaba justificar Pedro Fuentes. Este gobierno cometió una traición al pueblo griego. Pero el balance que hacen es que su política fue “correcta” y Pedro Fuentes llega a decir que tiene orgullo de esta política.

El argumento queda aún más desubicado en la realidad griega. Culpar al nivel de conciencia de las masas griegas por lo que ocurrió es un despropósito. Contra una gigantesca operación de los medios, el pueblo griego dijo NO en el referendo, en una bellísima manifestación de conciencia con los planes de austeridad. Tsipras, en la madrugada del día siguiente, despidió a Varoufakis del Ministerio de Hacienda para facilitar la reconstrucción del SIM, chocándose contra la conciencia de las masas.

Nosotros, al contrario, afirmamos que se comprobó otra vez el criterio marxista de no participar en gobiernos burgueses. La argumentación de que tienen el apoyo de las masas, una vez más, no justifica esto. Como ya dijimos: La lógica es simple: como estos gobiernos son ‘populares’, quedemos juntos con ellos. Pero, en verdad, esta no es una ‘opción por las masas’ y sí por los gobiernos. Cuando un gobierno burgués aún tiene apoyo de masas es preciso saber estar en minoría. Los bolcheviques hicieron esto en 1917, frente al gobierno provisional, ‘explicando pacientemente’ a las masas que aquel no era “su gobierno”, como ellas pensaban. Como supieron ser minoría pudieron transformarse en mayoría cuando las condiciones objetivas cambiaron.” (“Sobre un posible gobierno Syriza”).

VI- ¿Gobierno Syriza “en disputa”?

Existe otra dimensión en este debate sobre estos nuevos partidos reformistas. Tanto Syriza como Podemos, el Bloco de Izquierda y el PSOL incorporan como concepto la “unidad entre reformistas e revolucionarios”.

Este tipo de unidad fue defendida teóricamente por la dirección del Secretariado Unificado como una de las conclusiones a ser sacada de los acontecimientos del Este europeo (la restauración del capitalismo), ya que, según esta corriente, las barreras entre reformistas y revolucionarios se estaban superando.

La experiencia griega puede ser considerada como definitiva también en este sentido. Después que Syriza llegó  al gobierno, el sector reformista de Tsipras impuso la política de gobierno, sin ninguna atención a lo que opinaban las corrientes de la izquierda y los sectores revolucionarios presentes en su partido.

Sucede en estos casos exactamente lo que pasaba con el viejo reformismo de la socialdemocracia en el poder: constituyen gobiernos burgueses dirigidos por partidos reformistas. Estos gobiernos aplican la política determinada por las necesidades de la burguesía.

Hubo un hecho simbólico: el Comité Central de Syriza votó mayoritariamente contra el acuerdo con la Troika. A pesar de eso, el acuerdo fue aprobado por el gobierno y el Parlamento, mostrando que, en palabras de Kouvelakis: “Lo que vimos claramente en ese periodo es que el gobierno, la conducción, se volvió completamente autónoma del partido.” La “unidad entre reformistas y revolucionarios”, cuando un partido reformista como Syriza llega aal gobierno se revela más una vez como un error catastrófico.

Pero, para escapar de esta realidad, Pedro Fuentes se defiende con otro error: la tesis del “gobierno en disputa” (“Se a Syriza vence as eleições, o que acontece con a questión do poder?”). Esta política una vez más demostró sus resultados: no existe ninguna ‘disputa’: el sector reformista impuso su política y punto. Para la izquierda de Syriza, en palabras del propio Kouvelakis: “Así que es verdad que hubo una especie de falta de realismo elemental y que esto estuvo directamente conectado con el mayor problema que la izquierda tiene que enfrentar hoy, es decir, nuestra propia impotencia.”

VII- ¿Y ahora?

El debate sobre lo que podría hacer un gobierno Syriza ya fue respondido por la realidad. Independiente de que tengamos o no acuerdo si hubo o no una traición en Grecia, no se puede negar la realidad: Tsipras está implementando el peor plan de austeridad aplicado en Grecia.

Y ahora, ¿cuál debe ser la postura de la izquierda revolucionaria ante el gobierno Tsipras? La respuesta más obvia debería ser la ruptura con el gobierno y la búsqueda de la construcción de un polo de resistencia contra el plano de austeridad aplicado por Tsipras. Sin embargo, no es esta la evaluación de Kouvelakis, incluso haciendo una evaluación crítica y dura de este gobierno: llegó a prever que será un gobierno que sabemos que será lentamente digerido por la lógica de la administración del nuevo liberalismo.”

Pero Kouvelakis  se rehúsa a romper con el gobierno. Lafazanis fue ministro de Tsipras representando esa ala izquierda de Syriza y no renunció incluso después do acuerdo. Salió del gobierno porque fue despedido por Tsipras por haber votado contra el acuerdo en el Parlamento.  Hasta ahora, en todas las evaluaciones de la Plataforma de Izquierda de Syriza no existe ninguna conclusión de ruptura con el gobierno.

Según Pedro Fuentes, se debe continuar con la política de “gobierno en disputa: “Nosotros pensamos que se tendría que evitar que haya una mayor fragmentación en el movimiento de masas y una situación de crisis que lleve al caos, un caos político social que puede favorecer también a la derecha. No tenemos que ser impresionistas. No está descartada la hipótesis que el gobierno logre por unos meses cierta estabilidad relativa y que esto lleve a condiciones en las que se prepare la salida del euro. Es una hipótesis y no podemos apostar políticamente a que ocurra. El objetivo que está colocado es construir un plan económico alternativo y una política capaz de llevarlo a cabo y que para ello que cuente con apoyo de masas.”

A nuestro modo de ver, el ala izquierda de Syriza debe rever esta postura equivocada. Es fundamental combatir el gobierno burgués de Tsipas y su plan de austeridad. El principal punto de apoyo actuak del imperialismo alemán y francés en Grecia es el gobierno Syriza que aplica su plano económico. Romper con el gobierno Tsipras es un ponto básico en los días de hoy. Sin esto, la izquierda de Syriza seguirá cumpliendo un papel de “cobertura por la izquierda” del gobierno burgués de Tsipras. Y siendo, por lo tanto, también responsable por la actuación de este gobierno.

Las consecuencias para los sectores de izquierda que siguieron por este camino en el pasado fueron desastrosas. Basta ver que no quedó nada de la izquierda peronista argentina, como no está quedando nada actualmente de la izquierda chavista y de la izquierda petista brasileña.

Es necesario romper con el gobierno Tsipras y construir otro polo que unifique los sectores que ya eran independientes del gobierno, como la plataforma Antarzya. Es preciso unir este polo político con todos los sindicatos y movimientos populares y estudiantiles que estén de acuerdo con un programa de combate al nuevo plan.

El NO del referendo griego ahora debe ser traducido en un NO al plan de austeridad de Tsipras-Unión Europea. El NO del referendo griego ahora debe ser traducido en un NO al plan de austeridad de Tsipras-Unión Europea. Por la ruptura con el euro, por el no pago de la deuda y por un plan  anticapitalista en Grecia que incluya la estatización de los bancos y que le posibilite al pueblo griego comer, vestir y tener vivienda. ¡Por un verdadero Gobierno de los Trabajadores!