Educación y tecnología en tiempos de coronavirus

Hace décadas que la tecnología viene avanzando y se ha instalado en todos los ámbitos de nuestra vida, haciéndose, en algunos de ellos, imprescindible: comunicación, diversión, medicina, trabajo, comercio, industria y por supuesto también en la educación. Hasta ahora la elección era “libre”, pero cada vez más, la tecnología invade nuestra cotidianeidad y debemos usarla so pena de (no) quedar fuera del sistema.

Escrito por Jeni, Sebastián y Mónica, trabajadores de la educación.

Much@s aún podíamos de alguna manera, manifestarnos reticentes a redes sociales, y otros aspectos tecnológicos que no deseamos sean parte de nuestra vida cotidiana, porque entendemos que se pierden ciertos aspectos humanos fundamentales, como sin ir más lejos, el contacto presencial con un otro u otra, y todo lo que ello significa para los diferentes tipos de vínculos a los que acostumbramos.

Hay sin duda disciplinas y actividades como la medicina, por ejemplo, en las que la tecnología ha contribuido a ofrecer soluciones rápidas y eficientes. Sin embargo, con el contexto actual, las cosas han cambiado. La situación de pandemia, nos viene imponiendo que se agudice la presencia de la tecnología en nuestras vidas, para mantener nuestros vínculos, hasta aquellos más íntimos, generando así un nuevo factor de dependencia en el actual sistema

Una de las tantas ramas en la cual nos preocupa su incidencia es en la educación, y de cómo se vienen llevando a cabo las políticas educativas en cuanto a la situación que atravesamos actualmente. Entendemos que una mayor imposición de la tecnología en este campo, continúa habilitando a generar una brecha entre aquellos que pueden y aquellos que no, entre los que tienen acceso y los que no lo tienen, fomentando así una mayor desigualdad y una mayor decadencia del nivel educativo para los sectores más humildes de nuestra sociedad.

Uruguay, fue incorporando la tecnología en forma tímida y lenta. En la educación pública se hicieron avances con el Plan Ceibal, en un intento por “democratizar” la tecnología, pero las diferencias entre los distintos sectores denuestra sociedad, en este aspecto también, siguen siendo abismales. Much@s estudiantes de nuestro sistema educativo público formal y no formal, aún no tienen computadoras, o porque se les rompió o porque quedaron obsoletas. Muchos hogares aún no tienen conexión a internet, pero tal vez lo que más incide es que en los hogares más humildes, en general, no hay ningún familiar que tenga los conocimientos suficientes como para poder usar las herramientas que el nuevo contexto impone para acceder a la educación de sus hij@s.

Pero además, para nuestra concepción de la docencia, estamos seguros que: no es lo mismo la educación a distancia que la educación presencial en el aula. Máxime si se trata de niños y adolescentes. La enseñanza presencial es imprescindible. Los niños y jóvenes se sienten abandonados, estudiando solos y muchos, en este mes que ha transcurrido de distanciamiento social, ya han tirado la toalla y no están realizando las tareas.

Muchas familias deben continuar saliendo a trabajar, y no pueden cumplir el rol de docente presencial en sus casas y acompañar a sus hij@s en la realización de la tareas, porque debemos tener claro que “el quedate en casa” no es igual para tod@s.

Para poder seguir los cursos se vienen implementando tareas web y videoconferencias con el docente. Pero realizar estas videoconferencias es casi imposible en muchas realidades, generalmente en las familias más pobres y populares, porque requiere de dispositivo, conexión a internet, como mínimo un micrófono, una cámara web (sería deseable) y el software adecuado. No todos disponen de estos medios.

Las carencias en tecnología aplicada a la educación han quedado al descubierto con el Coronavirus y “el distanciamiento social”, quedando en evidencia la profundización de la brecha que existe en nuestra sociedad entre los distintos sectores que la integran, y las desigualdades sociales que ello genera, en la actualidad y para el futuro de nuestras generaciones. Aunque el uso de la tecnología para la educación a distancia quiera ser un paliativo circunstancial, todos deberíamos tener acceso a la misma con la misma calidad, ya que el derecho a la educación, es un derecho humano fundamental, y debemos continuar apostando a que tal derecho sea respetado sin desigualdades.

Este método de enseñanza no es sostenible en el tiempo, está claro. Es imprescindible el encuentro en el aula, la práctica de campo, los paseos didácticos. Que la tecnología sea sólo un complemento, una herramienta y que esté al alcance de todos con la misma calidad. El Coronavirus deja en evidencia que no todos podemos ejercer nuestros derechos de igual manera, algo que claramente ya venía sucediendo y en el contexto actual se agudiza.

Cuando el poder y la distribución de la riqueza están en manos de unos pocos, como sucede en este sistema capitalista, no todos recibimos lo mismo ni gozamos de los mismos derechos.