Dengue: la alarma sin recursos (Debate con la docente de Psicología Graciela Loarche)

Loarche es docente en psicología de emergencias y desastres en la Facultad de Psicología de la UDELAR. En una nota publicada en Brecha y reproducida por la página de la facultad, denominada “La alarma para ir al recreo” [1]. El artículo habla de “una sociedad que sufre cierta ilusión de invulnerabilidad, carece de una cultura de la prevención y tiende a dejarlo todo a cargo del Estado; y del poder médico y una industria farmacéutica”.

Y con una anécdota, la docente nos muestra nuestra “debilidad”, en el marco de la problemática del dengue: “Conozco un niño japonés que vino con su familia a Uruguay y que la primera vez que sintió sonar el timbre se paró al lado del banco y se quedó quietito esperando que la maestra diera la orden de evacuar… No tenemos una cultura de la prevención, no hay protocolos incorporados realmente.”

Escrito por estudiantes de IST en Psicología

¿Qué es el dengue?

Para dar este debate, primero veamos brevemente que es el dengue.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS): “El dengue es una infección vírica transmitida por la picadura de las hembras infectadas de mosquitos del género Aedes. Hay cuatro serotipos de virus del dengue (DEN 1, DEN 2, DEN 3 y DEN 4). El dengue es una enfermedad similar a la gripe que afecta a lactantes, niños pequeños y adultos. (… )El dengue grave es una complicación potencialmente mortal (…) No hay tratamiento específico del dengue ni del dengue grave, pero la detección oportuna y el acceso a la asistencia médica adecuada disminuyen las tasas de mortalidad por debajo del 1%.”

Estamos  frente a un problema importante, ya que el mismo mosquito transmite no solo el dengue, sino también la chikungunya y el zika. Con respecto a este último se investiga si tiene relación con la microcefalia. La propia OMS admite que con una “asistencia médica adecuada”, se puede reducir de forma drástica la tasa de mortalidad. Y agregamos, es la clave para una prevención lo más eficaz posible. Pero ¿cómo logramos esa “asistencia médica adecuada” y la prevención necesaria? En este punto es que queremos dar el debate con la docente, y polemizar con su postura.

“Comunidad”, Estado y Multinacionales de la salud

La docente critica, y estamos de acuerdo: “(…) la alta medicalización en la salud y que en la prevención la industria farmacéutica prácticamente no se involucra”, porque  “(…) es difícil que apoye campañas que minimizarían la necesidad de sus productos. –Ya que – lo rentable es la enfermedad, y convivimos con esa contradicción”.

Pero la acertada contradicción de la cual habla la docente, creemos que la expresa sin solución en toda su nota. Loarche admite (y no podemos más que acordar), el gran negocio que hace la salud privada con el dengue y con cualquier enfermedad. Pero luego agrega  que “(…) estamos acostumbrados a un Estado protector, y el control de las enfermedades puede ser visto como una responsabilidad estatal”

Con esta forma “salomónica” de presentar el problema, colocando en un mismo nivel la mercantilización de la salud, junto con el “problema” de la “paternidad del Estado”, nos parece que Loarche elude la verdadera contradicción que existe de fondo. Que es posicionarse y definir en manos de quién debe estar la salud y los laboratorios, para que no sean un gran negocio. Si estamos de acuerdo en que la salud no debería pertenecer a estos mercaderes que lucran con las enfermedades, ¿no debe estar la salud 100% en manos del Estado, al servicio de la prevención, la investigación y siendo así una verdadera salud pública y gratuita?

Creemos además, que esa afirmación de Loarche, le quita responsabilidad y le lava la cara a los dirigentes políticos y empresarios, que desde décadas, son los que verdaderamente toman las decisiones de las condiciones de nuestra salud, de las inversiones que se hacen y que no, de las campañas que se hacen y que no, del precio de los tratamientos, operaciones, y de  todo con lo que día a día lucran los empresarios de la salud, con la complicidad política del gobierno de turno.

¿“Policía sanitaria del hogar” o que el Estado garantice la salud?

Loarche continúa con su razonamiento y nos plantea que: “Los niños y los adolescentes tienen un rol importantísimo que jugar. Ya han demostrado su eficacia como “policía sanitaria del hogar”. Si los programas educativos no sólo brindaran información sino también metodología pedagógica para la educación en salud, podrían estimular a los niños a que cumplieran un rol en su casa y a los adolescentes a que lo hicieran por ejemplo– a nivel barrial. Es una oportunidad de empoderarlos.”

Esta fórmula de la docente, que nos parece no da ninguna respuesta concreta al problema del dengue (y menos al de la salud), se basa en un discurso que nos parece políticamente  vago, y además vacío de contenido, basándose en “promotores de salud”.  Esto solo puede estar destinado al fracaso, al intentar trabajar sin el presupuesto adecuado y necesario, sin que el Estado tome en sus manos lo que le corresponde: la salud de la población.

Qué campaña de niños y adolescentes nos propone Loarche, cuando las limitaciones en la educación por la poca inversión y los bajos salarios llevaron a un gran conflicto con los docentes y maestros el año pasado. Por otro lado, qué campaña le podemos pedir a los niños y adolescentes de los barrios más carenciados, donde no hay saneamientos, donde conviven con cunetas, sin alcantarilladlo,  y con basurales que hacen que el mosquito del dengue –entre otras enfermedades- tenga mejores condiciones para su desarrollo y reproducción.

Para prevenir, no solo el dengue sino otras tantas enfermedades; es prioritario por ejemplo terminar con las cunetas, poner alcantarillado y pavimentación, que todos tengan saneamiento, que se eliminen los basurales y ranchos precarios y todos tengan una vivienda digna, eso que la Constitución dice que todos tenemos derecho. El Estado es además, quien tiene todos los medios para llevar adelante fuertes campañas.

Loarche afirma que el dengue no discrimina. Pero si bien puede “picar a cualquiera”, ya los casos de Brasil, Argentina y Colombia, muestran que los más pobres son como siempre los que se llevan la peor parte y la gran mayoría de las muertes. Sin mencionar que el acceso a la salud es cualitativamente distinto según la clase social.

El Decano de la Facultad de Ciencias ha afirmado en el diario El País que: "Este tipo de enfermedad no es de pocos casos. (…)” “Esto nos está avisando de la importante posibilidad de un brote epidemiológico. En Río de Janeiro hace algunos años hubo 50.000 casos. Si bien Brasil es un país tropical y las circunstancias son otras, el riesgo existe".

Por esta importancia de la posibilidad de brote epidémico es que preguntamos a la docente, ¿en qué consiste la prevención ante esta situación planteada? ¿No necesitamos más médicos  y enfermeros, camas libres en los hospitales? ¿No necesitamos equipo de laboratorio, reactivos para los exámenes? ¿Y en manos de quién debe estar esta campaña tan delicada para que no se lucre con la enfermedad? Como ya está lucrando la industria farmacéutica con los repelentes.

No puede ser que mientras la industria de los laboratorios privados hacen su grandes negocios con los repelentes, Loarche nos de la “solución” de que “nos falta integrar el saber popular, los remedios caseros, las plantas que son repelentes por sí mismas.”, cuando la necesidad de utilizar los avances de la ciencia es tan importante, que dar esa respuesta, es simplemente ridículo. ¿Acaso nos sugiere que los pobres, los trabajadores, nos fabriquemos nuestro “remedio caseros” y que los que tienen dinero accedan de forma fácil a buenos repelentes y a la mejor atención de salud?

Hay una verdadera solución

La solución al problema del dengue, y a todos estos problemas sociales, no se le puede trasladar a “la comunidad”, y menos improvisar sin presupuesto. Es lo mismo que nos pasa en la Universidad. La responsabilidad en estos temas, es del gobierno, que define en que y como se invierten los dineros públicos, en definitiva, los dinero de “la comunidad”.

Para nosotros, es imposible que los trabajadores y sectores populares tengan una salud  pública, gratuita y de calidad, mientras existan esos parásitos de la salud privada, que ligados además al poder político,  lucran con nuestra salud e incluso con el aumento de enfermedades y de epidemias, así como con la obstaculización en el desarrollo de muchas vacunas. Todo eso les es conveniente para tener más  ganancias.

Por supuesto que la población debe organizarse: los que más sufren con la mercantilización de la salud son los trabajadores y los sectores populares. Pero deben organizarse no para ser “policías sanitarios del hogar”, dedicarse a la mera distribución de información y  realizar remedios caseros, sino para exigir el fin del lucro con nuestra salud, a la vez que solicitamos medidas urgentes como lo pueden ser el reparto gratuito de repelentes adecuados para todos (lo que inevitablemente chocaría con los intereses de la industria farmacéutica, como lo haría cualquier medida realmente seria y progresiva).

Creemos que el camino de la prevención pasa por que el Estado tenga buenos hospitales públicos y para ello se necesita inversión en salud pública, presupuestando nuevos cargos de médicos y enfermeros, que justamente es lo contrario a lo que hace el gobierno del Frente Amplio que le negó los 130 millones de dólares en el presupuesto al Hospital de Clínicas, el cual cumple una labor de atención en salud y educación.

Al final, la acertada crítica de la docente a la industria farmacéutica, se diluye cuando en ningún momento plantea tocar los intereses de las mismas. Así, las respuestas de Loarche dejan vía libre para que los mercaderes de la salud sigan lucrando con la misma, mientras le transfiere la responsabilidad a la población  (los “empodera”), que no debería esperar “respuestas paternaliastas”.

 Siendo la Psicología un área importantísima de la salud, nos parece algo de primer orden defender una salud sin la intromisión de los privados. Lamentablemente, esos mismos privados desde hace tiempo financian muchos proyectos y planes de nuestra educación, y cada vez se acepta con más naturalidad como algo “necesario” frente a la falta de presupuesto. Y aquí vemos la otra cara del retaceo presupuestal para la educación y la salud: que ese presupuesto lo pongan los privados. Pero esto no se hace en forma caritativa. Los privados solo pueden tener un fin de obtener ganancia, a costa de dominar cada vez más espacios en la salud y en la educación, y ese es un problema central que debemos enfrentar.

Nosotros llamamos a los estudiantes, docentes, y trabajadores, a organizarse en los barrios, en los lugares de trabajo y estudio, para defender una salud y una educación pública, gratuita y de calidad, de la cual el Estado es responsable y debe hacerse cargo, única forma de comenzar a terminar con el lucro de las empresas y multinacionales, a la vez que debemos exigir medidas urgentes para revertir nuestras problemáticas.

[1] – http://www.psico.edu.uy/gestion/comunicacion/medios/la-alarma-para-ir-al-recreo

 


Los "invulnerables"…

Loarche también afirma que “En las inundaciones, por ejemplo, cuando la gente no deja sus casas porque cree que el agua no va a llegar, hasta que le llega y pierde todo.”.

Esta afirmación la hace para justificar que las personas, basadas en el “no me va  pasar”, no adoptamos medidas preventivas, y que hay una ilusión de “invulnerabilidad”.

Esta  visión simplista es utilizada para hacer caer la responsabilidad de las inundaciones nuevamente sobre la “comunidad”, sobre quienes sufren esa dramática situación. Parecería que la gente que se inunda fuera caprichosa y no se fuera porque “no tiene ganas”, o porque no “incorporó” algún “protocolo”.

Pero la realidad es otra. Cuando la gente se va de sus casas, muchas  veces, además de perder muchas cosas por el agua, corren riesgos de robo en sus viviendas. A los pobres, a los trabajadores, nos cuesta mucho esfuerzo todo, cada ladrillo y cada pertenencia. Pero Loarche no dice una palabra sobre las nulas alternativas de vivienda que tienen esas personas,  y que tratan de resistir, sin alternativas, hasta último momento en las condiciones en las que el Estado con la complicidad del gobierno de turno, les hace vivir cotidianamente.

Lo único que se les “ofrece” en situaciones límite, es vivir semanas en carpas o clubes, como verdaderos refugiados, y se los responsabiliza de su situación si no aceptan (de la misma forma que los responsabiliza Loarche)

Y este complejo problema de las inundaciones, no es una catástrofe natural. Existen muchas denuncias sobre las represas, los embalses clandestinos, sobre los “feed lots” y la desforestación, que están llevando a la inundación a zonas que antes no lo eran. El problema definitivamente  es bastante complejo, y no se resuelve con protocolos ni se explica por sentimientos de “invulnerabilidad”. 


¿No hay problemas con el agua potable?

En su nota, Loarche también afirma:  “no tenemos problemas con el agua potable”, cuando Daniel Panario ingeniero agrónomo, profesor Grado 5 de la Facultad de Ciencias, afirma que es un problema grave. Nos plantea esto, cuando el problema del agua potable se puso al rojo vivo en nuestro país, con la contaminación del Río Santa Lucía (que abastece aproximadamente al 60% de la población), o con las noticias de algas venenosos que aparecen en ríos y playas, cada vez con más asiduidad.

También en Maldonado fue un problema crucial, donde la población se movilizó y el gobierno se vio obligado a no cobrar la factura de OSE. Y cada vez son más frecuentes las noticias sobre los problemas de contaminación del agua.

Esto muestra, que lejos de “no tener problemas” con el agua potable, estamos en una situación donde es urgente salir a exigir soluciones reales para parar con la contaminación que hace peligrar la calidad del agua potable en nuestro país.


Reproducimos aquí el informe de "Médicos de Pueblos Fumigados", para aportar algunos elementos a este importante debate. 

INFORME de Médicos de Pueblos Fumigados sobre Dengue-Zika, microcefalia

1-La epidemia de Dengue en Brasil se sostiene en forma endémica (permanente) en la marginalidad y miseria de millones de personas, sobretodo en el Nordeste brasileño. Ahora se suma la circulación del virus Zika, una enfermedad similar, aunque más benigna.

2. Se detecta aumento de malformaciones congénitas en forma muy llamativa, sobre todo microcefalia en recién nacidos. El Ministerio de Salud brasileño rápidamente lo vincula con virus Zika. Aunque desconoce que en la zona donde viven los enfermos desde hace 18 meses aplican un larvicida químico que produce malformaciones en los mosquitos, y que este veneno (piriproxifeno) el estado lo aplica en el agua de consuma de la población afectada.

3. Las epidemias previas de Zika no generaron malformaciones en recién nacidos, a pesar de infectar al 75% de la población de los países, tampoco países como Colombia registran casos de microcefalia y si mucho Zika.

3. El piriproxifeno que se utiliza (por recomendación de la OMS) es producido por Sumimoto Chemical, una subsidiaria japonesa de Monsanto.

4. Los médicos brasileños (Abrasco) denuncian que la estrategia de control químico contamina al ambiente y a las personas y no logra disminuir la cantidad de mosquitos, y que esta estrategia encierra una maniobra comercial de la industria de venenos químicos con profunda inserción en los ministerios latinoamericanos de salud y en la OMS y OPS.

5. Fumigar masivamente con aviones como se está evaluando por parte de los gobiernos del Mercosur es criminal, inútil y una maniobra política para similar que se toman medidas. La base del avance de la enfermedad se encuentra en la inequidad y la pobreza y la mejor defensa pasa por acciones basadas en la comunidad.