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La criminal invasión rusa a la cual el pueblo ucraniano lleva resistiendo con las armas en la mano hace más de dos meses sigue profundizando la crisis económica y política del capitalismo a nivel mundial. Los gobiernos capitalistas, con el imperialismo yanqui a la cabeza, descargan sobre los trabajadores y sectores populares los efectos de esa crisis de su sistema en decadencia.

En Uruguay, vemos como los precios de los productos básicos no paran de subir, haciendo que la situación económica de las familias obreras se complique cada vez más. Los docentes en los liceos están denunciando que aparecen cada vez más estudiantes con hambre. Las ollas populares van aumentando conforme vamos entrando en el invierno.

Los saltos en los precios acrecientan el malestar que ya existía con las rebajas salariales y los recortes durante pandemia, lo que se había expresado en duros conflictos en el último período del año pasado, fundamentalmente en ANCAP y el puerto, en las 800mil firmas recolectadas para el referéndum y también en el voto masivo por el SÍ contra el gobierno en los barrios obreros y populares.

Los propios partidos de la coalición de gobierno (haciendo también sus precoces cálculos electorales), se vieron obligados ante este panorama a salir públicamente a hablar del “modelo económico” y a pedir “medidas” al presidente.

Tan evidente es el impacto de la crisis que Lacalle Pou se vio empujado -apoyado en las millonarias ganancias del sector agroexportador-, a realizar algunas concesiones mínimas como aumentar las asignaciones o rebajar la garrafa para los sectores cuyos ingresos son escasísimos. En ese mismo camino, “sugirió” a los privados adelantar algo de los aumentos previstos para más adelante.

Pero estos parches están lejos de solucionar los problemas económicos de los trabajadores y sectores populares. Las migajas que nos tiran son devoradas rápidamente por nuevos aumentos que se anuncian casi de manera constante como con el combustible.

Así es el plan de hambre de este gobierno antiobrero, que beneficia a los agroexportadores y las grandes patronales que están amasando fortunas a costa del nivel de vida y del hambre de los de abajo. Un plan económico que prioriza el pago de la deuda externa antes que las necesidades populares, y con ese mismo objetivo antipopoular quieren intentar aplicar la reforma de las jubilaciones y la mercantilización de la enseñanza.

Las luchas, la bronca y su expresión electoral en el referéndum dejaron al gobierno, lejos de cualquier ánimo de victoria o fortaleza. No es para menos, es este gobierno el primer y principal responsable por la situación de penuria que describimos anteriormente. El propio Lacalle Pou transmitió a sus socios de la coalición que el gobierno se sentía “contra las cuerdas”, “como si hubiesen perdido” [el referéndum] (1).

Por otro lado, Fernando Pereira, presidente del Frente Amplio, el principal partido de la oposición, ha expresado que el gobierno y su política “han fracasado”. Pero su propuesta es recorrer el país no para organizar la lucha, sino para prepararse para las elecciones de 2024, como si los trabajadores y el plato de comida pudieran esperar. Estos dirigentes, tan dubitativos para enfrentar al gobierno, ahora, sin ninguna vergüenza, se quieren aprovechar de la abnegada lucha las bases que sí salieron a pelear, para sus mezquinos intereses de cargos y elecciones.

Organizar desde abajo la lucha

Por abajo, la bronca contra este gobierno de los ricos comienza nuevamente a expresarse en un aumento de las luchas: la educación anunció contra la reforma privatizadora que prepara el gobierno un paro para el 15 de junio y de COFE para el 16. Los trabajadores del gas se encuentran en conflicto, al igual que los de la banca y los de Conaprole; en el puerto los obreros de Monteconn vienen enfrentando los despidos y las rebajas salariales, al igual que los metalúrgicos de la empresa CINTER APERAM que anunció el despido de 150 trabajadores.

Es necesario unir toda las luchas, organizarnos desde abajo para decidir una plataforma común que parta por ejemplo, de la exigencia de un salario mínimo de media canasta ($55mil) ante la carestía. Nada debe hacerse o negociarse a espalda de los trabajadores: las bases deben decidir cada paso de esta pelea contra el gobierno hambreador.

Por ese camino y si luchamos hasta las últimas consecuencias es posible pararle la mano y derrotar el plan de hambre que aplican para mantener su sistema capitalista cada vez más decadente.

  • ABAJO EL PLAN DE HAMBRE DEL GOBIERNO!
  • SALARIO MÍNIMO DE MEDIA CANASTA! ($55mil)
  • 6+1% PARA LA EDUCACIÓN PÚBLICA AHORA!
  • NO PAGO DE LA DEUDA EXTERNA!
  1. elpais.com.uy/informacion/politica/lacalle-pide-mayor-esfuerzo-defender-reforma-jubilatoria-buscar-acuerdo.html
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