A 80 años del asesinato de León Trotsky

El 21 de agosto de 1940, León Trotsky fue asesinado por el golpe de Ramón Mercader, un agente de la GPU, la policía política de la Unión Soviética, bajo las órdenes del dictador Joseph Stalin. Terminaba, así, la más encarnizada persecución de la burocracia del Estado soviético a quien –después de la prematura muerte de Lenin- encarnizaba la tradición revolucionaria.

Escrito por Mónica

Después de la muerte de Lenin en 1924, Trotsky se mantuvo fiel en la defensa de la política revolucionaria, destacando permanentemente el carácter internacional de todos los fenómenos de nuestra época. Por eso, el elemento central de su teoría de la revolución permanente es el carácter internacional de la revolución socialista. El capitalismo en su etapa imperialista, con su decadencia, arrastra a la humanidad a guerras, crisis permanentes y, finalmente, la barbarie. Por eso, la revolución socialista es una necesidad y está madura en todas partes del planeta.

Pero Stalin abandonó la política revolucionaria bolchevique para plantear la “construcción del socialismo en un solo país”. Estaba decidido a violar todos los principios del marxismo, del socialismo internacional y de la tradición obrera. Para ello, precisaba destruir a toda la vieja guardia del Partido Bolchevique y de la III Internacional. Ese objetivo fue alcanzado con la llamada “gran purga” que comenzó en 1934 y significó la ejecución o la muerte en los campos de concentración de centenas de millares de comunistas opositores.

La obsesión de Stalin por matar a Trotsky tenía una profunda razón de ser. Trotsky era el último dirigente vivo de la Revolución de Octubre y el único que continuaba enfrentando a la burocracia de forma consecuente.

Consciente de que Stalin planeaba su muerte, Trotsky dedicó los últimos diez años de su vida a construir una nueva organización revolucionaria internacional. Por fortuna, consiguió realizar la tarea que él mismo consideraba su gran obra: fundó la IV Internacional, en 1938. Pocos años después que Stalin ordenara la disolución de la III Internacional. La fundación de la IV fue, por lo tanto, el hecho histórico que permitió que el hilo de continuidad del marxismo revolucionario no fuera roto.

Viva LA IV Internacional!

La Socialdemocracia de los países europeos ya había intentado en 1914 quebrar la tradición marxista revolucionaria cuando sus parlamentarios votaron –con la sola excepción del revolucionario alemán Karl Liebnecht- el apoyo a sus respectivos gobiernos burgueses en la 1ª Guerra Mundial.

Fue entonces que Lenin escribió:  “La Segunda Internacional está muerta, vencida por el oportunismo. Abajo el oportunismo y viva la Tercera Internacional, desembarazada de los renegados y del oportunismo”.

Consecuente con eso, Trotsky siempre vio la Cuarta Internacional como la continuidad de la Tercera dirigida por Lenin. No casualmente, en la carta de saludo al Congreso de Fundación, habla de «la internacional bolchevique leninista» y, en agosto de 1933, afirmó con total claridad: “No puede haber política revolucionaria sin teoría revolucionaria. Aquí es donde tenemos menos necesidad de partir de cero. Nos basamos en Marx y Engels. Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos legaron una herencia programática invalorable (…)”

Pasaron 80 años…

Hoy día, la clase obrera y las masas del mundo enfrentan los ataques del capital con un heroísmo a toda prueba. Sin embargo, como decía Trotsky en 1938, la crisis de la humanidad continúa siendo la crisis de dirección revolucionaria.

Los militantes de la LIGA INTERNACIONAL DE LOS TRABAJADORES – CUARTA INTERNACIONAL estamos por la reconstrucción de la Cuarta siguiendo el criterio de Trotsky, es decir, en cuanto a continuidad programática, metodológica y moral de la Tercera Internacional dirigida por Lenin y Trotsky. La tarea de reconstruir esa dirección revolucionaria es más urgente que nunca. A esa tarea los convocamos hoy.