Especial Brasil

Chapecoense: La lógica del lucro capitalista por detrás del "accidente"

Chape Campeón, el espectáculo de la tragedia y la impunidad del fútbol

Hace unos días nos sorprendimos con la impactante noticia de la caída de un avión que transportaba a los jugadores del equipo de fútbol brasileño Chapecoense de Bolivia a Colombia, para jugar la final de la Copa Sudamericana contra el Atlético Nacional de Medellín. 71 de los 77 pasajeros murieron, entre ellos la mayoría del equipo y cuerpo técnico, tripulantes y un gran número de periodistas.

Por Ari Russo - LITCI

Después de la conmoción inicial, inmediatamente comenzó a verse la solidaridad generalizada con el equipo y las familias; solidaridad que no demoró en ser explotada por el conjunto de los medios y los propios organismos futbolísticos para el gran “espectáculo de la tragedia”. Paralelamente, comenzó también la catarata de explicaciones técnicas y la búsqueda de culpables (con la discusión de la responsabilidad del piloto en la falta de combustible y de la legalidad de LaMia, la compañía aérea), y también de chivos expiatorios que pudieran canalizar parte de esa responsabilidad (el papel del control aéreo en el aeropuerto, por ejemplo). Pero hasta ahora no ha habido grandes explicaciones sobre lo que es, en realidad, problema de fondo: lo que fue, efectivamente, una cadena de “errores” tiene en realidad un “error” de origen, y responsables bien definidos: los sucios negocios de la industria futbolística, y la corrupción y lavado de dinero de la alta cúpula, en este caso de la Conmebol.

Una cadena de “errores”

LaMia, una empresa de capitales venezolanos radicados en Bolivia; de pequeño porte, con 15 funcionarios que son todos familiares o amigos, y con licencia para vuelos locales; con 12 aeronaves declaradas pero apenas una en uso (dos más en mantenimiento), que se dedica exclusivamente al transporte de equipos de fútbol latinoamericanos a casi la mitad de precio del mercado es, por algún motivo, la empresa elegida por la Conmebol para transportar a los equipos del torneo.

Una aeronave que no se fabrica desde 2001, adquirida en 2014 –precisamente cuando LaMia comienza a dedicarse exclusivamente a este tipo de traslados–, con una autonomía de casi 3.000 km – aproximadamente la misma distancia del vuelo. Y un piloto que, por algún motivo, decide no hacer escalas para recargar combustible pese al aviso del riesgo antes de salir. Una emergencia no declarada a tiempo al sector de control, y la imposibilidad de aterrizaje prioritario en el aeropuerto de Bogotá cuando el combustible ya está al límite. Todo esto, una cadena de “errores” que termina de la peor manera posible: con la caída del avión y la muerte de casi la totalidad de sus pasajeros.

Nadie va a decir que fue un “atentado”, porque sería ridículo. Pero hablar de “errores” también es equivocado: se trató de una profunda negligencia en cada una de las instancias de la “tragedia”. No fueron errores sino decisiones, tomadas en función de un único criterio: el lucro económico por encima de todo.

Los sucios negocios de la Conmebol

¿Por qué la Conmebol indicaría la contratación para el traslado de equipos de una empresa prácticamente inexistente? Inicialmente, LaMia facturaba US$ 40.000 menos que la competencia por el mismo servicio. El criterio de lucro utilizado por la Conmebol en esta instancia es claro, y de hecho no es la primera vez que sucede.

Sin embargo, la industria del fútbol maneja miles de millones de dólares. ¿Por qué habría de preocuparse tanto por ahorrar US$ 40.000, un vuelto para las cifras que maneja? La explicación menos obvia, la que está por detrás, la razón millonaria, hay que buscarla en los antecedentes por corrupción y lavado de dinero del fútbol internacional.

En diciembre del año pasado salió a la luz el sucio negocio de lavado de dinero de la Conmebol en relación con la transmisión de los partidos. Según palabras del propio presidente, Eugenio Figueredo, se otorgaron las licencias de transmisión a una compañía televisiva que ofrecía precios muy competitivos en relación con el precio de mercado, y reconoció que “al ser evidentes los manejos indebidos de dinero en la Confederación y por los contratos que esta firmaba, al asumir como presidente procuró ‘legalizar’ (sic) la ‘plata dulce’ (sic) que se repartían en una red de corrupción (…)”.

Según el propio proceso judicial, “desde la época en que asumió como miembro del Comité Ejecutivo de la Conmebol, [Figueredo] recibía importantes sumas de dinero, en función de estratagemas que urdían diversos integrantes de la citada confederación (…)”.[1]

A su vez, el antecedente para estas investigaciones fue el escándalo mundial de los hechos de corrupción de la FIFA, también en 2015, en donde dirigentes del fútbol mundial fueron presos por involucramiento directo en el crimen organizado y corrupción por soborno, fraude y lavado de dinero.

Es decir, no es ninguna novedad que el fútbol internacional institucionalizado es un gran negocio capitalista en donde no es el deporte sino el lucro de los grandes empresarios involucrados lo que mueve la pelota, y ya han habido procesos y presos en el marco del supuesto “desmantelamiento” de esta red de corrupción.

Los US$ 40.000, que de hecho son, sí, ahorrados, del costo de vuelo, cortando condiciones de seguridad (como vamos a ver más adelante), son a su vez la máscara visible de un negocio millonario en donde la contratación de empresas ilegales redunda de forma directa en beneficio económico de las altas cúpulas y empresarios que manejan este negocio sucio. La muerte de todo un equipo de fútbol, en este caso, no es en absoluto un “accidente”: más bien parece ser el alto costo de la impunidad del crimen internacional organizado.

La escala que no fue

Después de investigaciones iniciales, la versión que parece ser la explicación concreta del porqué del avión haber caído estando apenas a 50 km de Medellín es la falta de combustible.

Según expertos, el avión tenía una autonomía de casi 3.000 km, aproximadamente la distancia que hay entre Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), ciudad de partida, y Medellín (Colombia), destino final. Una versión dice que se avisó al piloto, Miguel Quiroga, del riesgo de hacer un viaje directo, y se recomendó una escala en Cobija o en Bogotá para recargar combustible, a lo que Quiroga se negó. “Probablemente, para cortar costos, él decidió seguir el trayecto sin escalas”, informa Jorge Eduardo Leal Medeiros, ingeniero aeronáutico y profesor de la Escuela Politécnica de la Universidad de San Pablo, uno de los especialistas investigadores del caso. La decisión del piloto es fácil de explicar, si consideramos que además de piloto era dueño de la compañía: una escala hubiera costado una hora más de vuelo, y US$ 10.000.[2]

Por lo demás, las turbinas apagadas e intactas y el hecho del avión no haberse prendido fuego al colisionar contra el suelo son pruebas casi contundentes de que no se trató de una falla mecánica previa sino de falta de combustible, efectivamente.

¿Negligencia pura? Sí, pero no solo de parte del piloto. Quiroga pensó más como empresario que como piloto. No se trata de una mera “equivocación” individual sino, una vez más, de un criterio claro de lucro al momento de tomar decisiones y evaluar riesgos.

La emergencia no declarada

En un segundo momento, cuando Quiroga ve que el combustible está acabando y no tiene margen para llegar a Medellín, avisa al aeropuerto de Bogotá de la situación pidiendo prioridad en el aterrizaje, y el aeropuerto niega el permiso por dar prioridad a un vuelo de la compañía VivaColombia, también en situación de emergencia previamente informada. Posteriormente, se ve en el sistema de control aéreo que el avión de LaMia da dos vueltas en el aire antes de comenzar a reducir la velocidad y finalmente caer. Estas imágenes, sin embargo, solo son vistas durante la investigación, una vez ocurrida la tragedia.

Surge una pregunta obvia: ¿por qué el piloto no informó enseguida de la emergencia?

Si Quiroga hubiera avisado cuando correspondía, hubiera conseguido aterrizar a tiempo; sin embargo, habría sido reportado por las autoridades aéreas por estar viajando en condiciones ilegales, fuera de la norma, sin combustible suficiente y sin tanque de emergencia, lo que repercutiría en la pérdida de licencia de pilotaje de Quiroga y ambos copilotos; la prisión del técnico especialista a bordo (que sobrevivió) y del despachador y del jefe de operaciones bolivianos que permitieron al avión salir en estas condiciones, además de la pérdida de licencia de operación de LaMia y una investigación por negligencia, lo que dejaría a la empresa en quiebra tras sumar los costos de la demanda y de las indemnizaciones a los familiares.[3] Abriría, a su vez, un sumario investigativo a la Conmebol por la contratación de una empresa ilegal.

Es decir, una vez más, como constante de la ecuación, la respuesta está en el criterio empresarial de toma de decisiones, ya no solamente refiriéndose al lucro sino a la propia cobertura de la red de corrupción que le da sustento.

“Descontrol” de Tránsito Aéreo

Hay una tercera discusión que surge en la investigación, que es la responsabilidad del control aéreo colombiano en la caída y la cuestión de la desregulación de los vuelos.

Hay que ser categóricos en esta discusión: la “tragedia” no fue, en absoluto, responsabilidad del control aéreo.

Para explicar de qué hablamos: el Control de Tránsito Aéreo es el sector encargado de guiar a los pilotos para un descenso seguro, por lo que problemas en este sector son de alto riesgo, y la falta de controladores, la falta de capacitación y/o las malas condiciones de trabajo de los mismos son los principales motivos por los cuales las aeronaves tienen problemas de aterrizaje o incluso se estrellan.

Al tratarse de falta de combustible, al igual que un automóvil, la aeronave queda sin energía. Las turbinas dejan de funcionar y los tableros se apagan (es decir, el piloto pierde visión de su localización, velocidad, etc.), requiriendo de Control lo que se llaman “vectores” para poder planear sin potencia hasta tocar suelo de forma segura, sea dentro o fuera del aeropuerto.

El hecho de la emergencia no ser avisada a tiempo imposibilitó cualquier respuesta efectiva por parte de los controladores pese a las orientaciones dadas, pues la aeronave se encontraba a una altura menor a la debida en zona montañosa, haciendo que cualquier maniobra de planeo fuera insuficiente para un descenso seguro.

Los Controladores Aéreos de Colombia salieron, después de la acusación, a pedir que se tenga prudencia al momento de acusarlos de la tragedia, informando que hicieron todo lo humanamente posible para evitar la caída.

Dejando claro que en este caso no se trató de una responsabilidad de Control, vale, sí, hacer una discusión más a fondo sobre las condiciones de trabajo de los controladores.

Como vimos, se trata de un trabajo de alto riesgo y mucha presión. La falta de condiciones adecuadas de trabajo pueden provocar la muerte de cientos de personas. Sin embargo –y para no cambiar la fórmula, siguiendo una vez más el criterio de lucro como constante–, esto parece importar poco a las autoridades.

Unos días después de la caída del avión, los controladores paraguayos, rompiendo el silencio de la situación real de trabajo, salieron a denunciar públicamente que en el país cuentan con apenas 60 controladores. Es decir: si se respetan los turnos de trabajo de 6 horas con un día de descanso de por medio (necesario para las condiciones de alerta que el control requiere), el volumen de vuelos nacionales e internacionales en general excede ampliamente la capacidad de control actual.

En el caso de Colombia, específicamente, en una nota de 2009 los Controladores Aéreos colombianos denunciaron públicamente fallas en los radares, problemas de comunicación con las aeronaves y exceso de trabajo, en lo que llamaron de una situación de SOS. En la misma declaración informan que apenas en el mes de octubre de dicho año se reportaron 33 situaciones críticas, mientras que en el mes de noviembre, también de 2009, después de la denuncia, el número no solo no bajó sino que subió a 43.[4]

Dentro de las denuncias, uno de los argumentos más alarmantes es el hecho de tener Controladores acompañando más de un radar a la vez, por falta de personal; además de equipos sin la suficiente manutención, lo que dificulta la tarea del Controlador técnicamente y agrega altos niveles de presión en momentos claves que definen la vida o la muerte (ni que hablar, entonces, de no tener el apoyo psicológico regular requerido por la propia profesión). Frente a la denuncia, el gobierno colombiano se limitó a responder que “no hay nada que hacer, pues el Ministerio de Hacienda no cuenta con presupuesto”.

Repetimos que el caso LaMia no se trató de un problema de control. Pero incluso en los casos en que sí, no se puede culpar a un controlador individualmente ignorando la falta de condiciones bajo las que trabajan. En Colombia, la situación es particularmente crítica dado el alto volumen de vuelos; por eso, no es casual que sea el cuarto país con más accidentes aéreos en el mundo.

Lamentablemente, esta lógica capitalista de priorizar el lucro por encima de la propia seguridad de vida es una lógica que excede mucho a uno u otro hecho, e incluso a una u otra industria. Es la base de funcionamiento del sistema, ya sea que hablemos de fútbol, de aviones, de transporte público, de hospitales, etc.

El espectáculo de la tragedia

La solidaridad del conjunto de los espectadores con el equipo fue extremadamente conmovedora. Desde la valorable actitud del Atlético Nacional de Medellín que pidió a la Conmebol que declarase al Chapecoense Campeón de la Sudamericana; pasando por el Brasil, en donde las hinchadas de cuatro equipos rivales se juntaron para homenajear al Chape Campeón; y por Inglaterra, en donde el Liverpool y el Leeds jugaron un partido en su nombre, y la hinchada entera mantuvo un minuto de silencio para después estallar en solidarios cantos de cancha; hasta Colombia y el conjunto de Sudamérica, que se tiñó entera de verde apropiándose del dolor de amigos y familiares, emocionante hasta las lágrimas. Miles y miles de personas alrededor del mundo se levantaron en solidaridad con el pequeño equipo regional brasileño.

Sin embargo, de la mano de esa honesta angustia y solidaridad del conjunto del pueblo latinoamericano y del mundo, vemos a aquellos que están directa o indirectamente involucrados utilizando el sentimiento popular para tapar los negocios sucios con el espectáculo de la tragedia.

Llena de odio ver cómo se utilizan de los sentimientos más humanos para seguir lucrando, derramando lágrimas de cocodrilo, montando eventos y publicando especiales, mientras hacen la vista gorda a los problemas que llevaron a esta situación, y que colocan en riesgo nuestras vidas de forma cotidiana. En el honesto dolor de las masas no ven más que otra oportunidad para cubrir las verdaderas culpas y seguir haciendo negocios.

Por eso, expresamos nuestra profunda solidaridad con las familias de los pasajeros y la comunidad futbolística “de abajo”, y junto con eso, denunciamos que no se trató de una tragedia sino de una consecuencia del funcionamiento de este sistema pútrido al que no le tiembla la mano al poner en riesgo nuestras vidas cuando es su propia ganancia lo que está en discusión. A su vez, exigimos prisión de todos los responsables, tanto de la empresa aérea como de los altos cargos de la Conmebol al momento de la tragedia, y llamamos a que se abra una amplia investigación, bajo control popular, de todos los organismos futbolísticos, regionales, nacionales e internacionales, para evitar que una tragedia como esta vuelva a ocurrir.

Notas:

[1] http://www.ultimahora.com/eugenio-figueredo-admitio-el-lavado-dinero-con...

[2] http://zh.clicrbs.com.br/rs/noticias/noticia/2016/12/parada-de-voo-da-ch...

[3] Por condiciones contractuales, la compañía de seguros no sería responsable por la indemnización de las familias de los muertos en caso de tratarse de falta de combustible, por ser esto considerado negligencia por parte de la compañía responsable.

[4] http://www.elespectador.com/articulo176826-el-sos-de-los-controladores-a...

Otras fuentes consultadas:

http://www.las2orillas.co/piloto-de-lamia-habria-preferido-perder-su-vid...

http://exame.abril.com.br/brasil/aviao-da-chapecoense-nao-tinha-capacida...

http://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-38180689

http://brasil.elpais.com/brasil/2016/11/29/internacional/1480414307_0925...

http://www.bbc.com/portuguese/internacional-38182760

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/politica/el-control-de-lavado-debe...

https://www.lanacion.com.py/2016/12/01/paraguay-cuenta-controladores-tra...

https://mundo.sputniknews.com/americalatina/201612011065257367-colombia-...

http://www.abc.com.py/edicion-impresa/politica/el-control-de-lavado-debe...