Machismo, violencia y explotación

La lucha de la Mujer en Uruguay

Desde un comienzo ser mujer es un factor extra de dificultad en el mundo laboral. Aunque pasemos largos años estudiando, en el mercado de trabajo los hombres son tenidos más en cuenta que las mujeres. Para quienes lograron culminar una carrera universitaria el camino todavía es complicado, lleno de discriminaciones y malos tratos, a veces de forma solapada.

Por Katia

Si todavía estás estudiando y querés trabajar es aún peor, porque no solo tendrás que soportar las pésimas pagas, sino que tendrás que esforzarte el triple para poder ir a clase, cumplir con los horarios y el hogar. A todo esto siempre tenemos que sumar que la mujer es en general quien realiza las tareas domésticas. A veces el hombre “ayuda” en ellas, como suele decirse, como si su participación fuera por pura amabilidad.

¿Qué pasa con las madres?

Lo loco de la situación es que el mundo te condena cuando no sos madre...y también cuando lo sos. Tanto si tenés pareja como si no, seguro recibirás en algún momento la pregunta sobre los hijos por venir. Todo el mundo espera que cumplas con tu función reproductora. Pero si efectivamente decidís tener hijos, todo se hace cuesta arriba. Para la sociedad los cuidados recaen sobre la madre y para el empleador dejás de ser una buena empleada.

Con tanto tiempo dedicado a los hijos y no a la empresa, está claro que no les sirve. Si no estás disponible full-time, probablemente no consigas un trabajo.

Si lo conseguís, tenés que sufrir con la decisión de buscar una guardería para tu hijo, la mayoría bastante caras. ¿Por qué el hombre no tiene este problema, sin importar el número de hijos que tenga?

¿Y si no querés tener hijos?

Si por algún motivo quedamos embarazadas pero decidimos no tenerlo, tenemos una Ley del Aborto que nos ampara. Claro que no solo estamos expuestas al condena social que tarde o temprano llega, sino a los ojos acusadores de los médicos. Muchos de ellos no siguen el protocolo como deberían y presentan objeciones de conciencia. Intentan persuadirnos para que demos a luz, cuando claramente la decisión está tomada.

¿Nuestros cuerpos son nuestros o de ellos?

Además de todas estas dificultades laborales y personales, seguro sufrimos el machismo en carne propia, no solo por las incontables alusiones externas a nuestra sexualidad o forma de vida, sino por la violencia física que también impera. Cientos de mujeres viven bajo el miedo de acabar muertas en manos de sus parejas. Decenas mueren al año porque alguien más se creía dueño de sus cuerpos o de sus vidas.

La objetivización de la mujer no descansa, cientos de mujeres trabajan en la prostitución, en un mercado pagado por esos mismos hipócritas que en el Parlamento abogan por la buena familia. Esos mismos que vetan las leyes para que nosotras podamos decidir sobre nuestro cuerpo y nuestros destinos.

Ser mujer no es fácil, todavía hoy tenemos una situación peor que los obreros hombres. Además de la explotación que ellos reciben a diario, nosotras tenemos también la opresión imperante. Pero necesitamos estar juntos en la lucha. Los precisamos para salir a las calles, para levantar carteles con nosotros y alzar las voces en contra del capitalismo que nos explota y el machismo que nos mata.

Si vos también querés sumarte a esta lucha, vení con nosotros a construir una alternativa contra el capitalismo, el enemigo que todos tenemos en común. Si tenes ganas de proponer cosas nuevas y hacer lo posible por conseguir más avances, te estamos esperando para realizar actividades en tu centro de estudio o en tu barrio. ¡Vamos a ponerle un freno al machismo y a la opresión!